RSS
Facebook
Twitter

19/10/09

Claude Cahun




“Me veo, luego existo”


Su verdadero nombre fue, Lucy Schwob, nació en Nantes en 1894, en el seno de una familia de intelectuales judíos de la alta burguesía. Su padre, Maurice Schwob era director del periódico “Le Phare de la Loire” y su tío Maurice, vinculado al simbolismo y amigo de Oscar Wilde, uno de los fundadores del “Mercure de France”.

Cursó estudios en Oxford entre 1907 y 1908 y posteriormente, en 1914, Filosofía y Letras en la Universidad de la Sorbonne, en París, ciudad en la que se instaló a partir de 1920. París, convertido por aquel entonces en la capital cultural y artística del mundo, albergaba los movimientos vanguardistas, entre los que se encontraban las denominadas “Mujeres de la Rive Gauche”, artistas inglesas y estadounidenses expatriadas, huídas de la rigidez de sus respectivas sociedades en busca de espacios de libertad.

Mujeres, como las escritoras Colette, Gertrude Stein, Djuna Barnes, Renée Vivien, las fotógrafas Berenice Abbot y Gisele Freund, las pintoras Marie Laurencin y Romaine Brooks, las editoras y libreras Sylvia Beach y Adrienne Monnier, entre otras que junto a artistas masculinos como Marcel Duchamp, André Breton, Georges Bataille, Francis Picabía, etc conformaron el círculo donde Claude Cahun se nutrió de lo más selecto de la intelectualidad del momento y donde igualmente dejó su impronta.

Fascinada por la interpretación participó en el teatro de vanguardia de París, en la compañía “Le Plateau”, representando indistintamente papeles femeninos y masculinos.

En 1925 publicó “Heroínas” siete relatos cortos e irónicos sobre arquetipos femeninos, en memoria de las “moralidades legendarias”, Eva, la demasiado crédula, Dalila, la mujer entre las mujeres, Judith, la sádica, Helena, la rebelde, Safo la incomprendida, Salomé, la escéptica… En 1930 con “Confesiones no confesadas”, libro inclasificable de “poemas-ensayos” o “ensayos-poemas”, ilustrados con diez fotomontajes, indaga en la androginia, la máscara y el espejo. Años más tarde, se adhiere a la Asociación de Escritores y Artistas Revolucionari@s, de inspiración comunista cuyo objetivo es luchar contra el fascismo, defendiendo como métodos la “disciplina” y el

“fanatismo”. Participa en este grupo de extrema izquierda, “Contre-Attaque”, encabezado por Georges Bataille y André Breton, donde firma manifiestos “Contra el fascismo pero también contra el imperialismo francés”, denuncia el golpe de estado franquista y la pasividad del gobierno del Frente Popular francés. Sin embargo, junto con sus promotores, termina por abandonar dicho grupo, reafirmándose en la idea de que la lucha contra el fascismo debía continuarse mediante las “tradiciones revolucionarias del movimiento obrero internacional aunque ello no significó una ruptura con los surrealistas ya que se adhirió posteriormente a la Federación Internacional por un Arte Revolucionario Independiente, organización fundada por Trotsky y por el propio Breton. De este activismo nace su ensayo “Les paris sont ouverts” (1935), reivindicación de la autonomía literaria contra todo intento burocrático de supeditar el arte a la ideología.

En 1937 se trasladó a la Bahía de S. Brelade en Jersey con la que sería su colaboradora artística, política y compañera sentimental, Suzanne Malherbe (cuyo seudónimo era Marcel Moore), -a la que había conocido en 1909 al casarse su padre con la madre de Suzanne, lo que las convirtió en hermanastras y amantes-, donde realiza su serie de autorretratos fotográficos y publica escritos en la corriente del Surrealismo.






" Mi opinión sobre la homosexualidad y los homosexuales es exactamente la misma que mi opinión sobre la heterosexualidad y los heterosexuales. Todo depende de los individuos y las circunstancias. Yo reclamo una libertad general de comportamiento."






En su línea de activista radical Claude Cahun coprotagonizó junto a Suzanne acciones tan arriesgadas como la de hacerse pasar ante las tropas alemanas de ocupación durante la II Guerra Mundial por una unidad de resistencia al imprimir miles de octavillas donde llamaban a la insurrección, haciéndoles creer que se encontraban frente a una verdadera ofensiva en su contra, lo que llevó a Claude Cahun en 1944 a ser arrestada y condenada a muerte por la Gestapo, condena de la que se libró al ser liberada la isla poco antes de que la sentencia fuera ejecutada.

Falleció en Jersey en 1954.





Innovadora, inquieta y polifacética, escribió poemas, crítica literaria, ensayos, relatos, hizo traducciones (del sociólogo-sexólogo inglés Havelock Ellis), teatro y fotografía, siendo en este último registro donde desarrolló una obra personalísima y singular, experimentando con todas las posibilidades de este medio, entiéndase, fotomontajes, juegos de espejos, collages, sobreimpresiones, iluminaciones.

El ser dada por muerta en el campo de concentración, unido a la desaparición de gran parte de su trabajo fotográfico, conllevó el desconocimiento y el olvido, no siendo hasta los años noventa cuando su obra es nuevamente recuperada. Concretamente en 1992 la publicación de su biografía “Claude Cahun: L ‘écart y la métamorphose” a cargo de François Leperlier, redescubre a la gran artista y a la única fotógrafa significativa del grupo surrealista ya que Lee Miller y Dora Maar sólo mantuvieron una breve relación con dicho grupo y, se la compara y reconoce con otras como Cindy Sherman, Sarah Lucas y Nan Goldin, quienes igualmente hacen de su cuerpo el soporte de sus investigaciones.

Es el suyo desde 1910, valiéndose de su cámara fotográfica, un auténtico ejercicio de representación y autorrepresentación, donde se reinventa a sí misma; un análisis continuo de la multiplicidad de la identidad, de las identidades, una puesta en cuestión del esencialismo. El peso específico en sus fotos recae en el rostro y la mirada. Lo demás no es más que una construcción cultural, accesoria, no fija, no estática, indefinida.

Curiosamente sus publicaciones están firmadas con el seudónimo de Claude, nombre neutro que sirve tanto para denominar a una mujer como a un hombre.

Lepelier sostenía que cambiar de nombre es como cambiar de máscara, uno de los primeros gestos de una mujer que se fabricó a si misma como una diversidad de personajes. Una mujer a la que no se le puede negar su valentía al tratar de escapar del rol asignado por el Surrealismo a las mujeres, musas supeditadas a los hombres. Ella, independiente, rebelde, desbarata ese lugar que le es heterodesignado, tratando de superar los géneros, apuntando a un “tercer género”, algo próximo a la androginia. Donde no hay masculino ni femenino preponderante.

Para Claude Cahun, en palabras de Lepelier, “hablar en neutro equivale a escapar a los géneros, a esa identidad sexuada". Sin embargo esta definición no es compartida por la escritora y especialista en arte, Marie Jo Bonnet, quien opina que “hablar neutro, para una mujer, es hablar masculino” y que su obra “se ha considerado en los últimos años de manera abusiva, precursora de la vuelta a examinar las identidades de sexo y género, (lo que) me parece el ejemplo mismo de esta comprensión imposible de la imagen de la pareja de mujeres en una sociedad que no ofrece otra alternativa a la mujer de vanguardia que rechazar la feminidad para existir en igualdad con el hombre”.

En cualquier caso, Claude Cahun ha sido una artista completamente anticipada a su tiempo. Laura Cottingham en su ensayo « Cherchez Claude Cahun » escribe : « Proust murió en 1922 y con él, el siglo XIX. Claude, en cambio, anticipa no solamente el siglo XX sino también el XXI.

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

  • Blogroll

  • About