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12 de octubre de 2009

Lo escrito se lo lleva el viento






El raso de las páginas de los libros que se hojean modela
una mujer tan hermosa
que cuando no se lee se contempla esa mujer con tristeza
sin osar hablarle sin osar decirle que es tan hermosa que
cuando uno está por saber no tiene precio
esa mujer pasa imperceptiblemente entre un murmullo de flores
a veces se da vuelta en las temporadas impresas
para preguntar la hora o mejor quizás
finge contemplar atentamente las joyas
de un modo insólito en criaturas humanas
y el mundo muere una ruptura se produce en los anillos de aire
una herida a nivel corazón los diarios matutinos traen cantantes
cuyas voces tienen el color de la arena en orillas tiernas y peligrosas
y a veces los vespertinos dejan paso libre a cumplidas muchachitas
que conducen fieras encadenadas
pero lo mejor está en el intervalo de ciertas letras
donde manos más blancas que el cuerno de las estrellas a mediodía
saquean un nido de golondrinas blancas a fin de que llueva para siempre
tan bajo tan bajo que las alas no puedan entremezclarse manos
por las que se asciende hasta brazos tan leves que el vapor de los prados
en sus graciosas volutas sobre las charcas es un espejo imperfecto brazos
que sólo se articulan al peligro excepcional de un cuerpo
creado para el amor cuyo vientre llama a los suspiros desprendidos
de las zarzas llenas de velos y que sólo tiene de terrestre
la inmensa verdad de hielo de los trineos de miradas
sobre la extensión absolutamente blanca de lo que no veré nunca más
a causa de una venda maravillosa que es la que utilizo
al jugar al gallo ciego de las heridas.



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