17/1/10

¡Quejas!


Dolores Veintimilla de Galindo















¡Y amarle pude!... Al sol de la existencia

se abría apenas soñadora el alma...

perdió mi pobre corazón su calma

desde el fatal instante en que le hallé

Sus palabras sonaron en mi oído

como música blanda y deliciosa;

subió a mi rostro el tinte de la rosa;

como la hoja en el árbol vacilé.


Su imagen en el sueño me acosaba

Siempre halagüeña, siempre enamorada;

mil veces sorprendiste, madre amada,

en mi boca un suspiro abrasador;

y era él quien lo arrancaba de mi pecho,

él, la fascinación de mis sentidos;

él, ideal de mis sueños más queridos,

él, mi primero, mi ferviente amor.


Sin él, para mí, el campo placentero

En vez de flores me obsequiaba abrojos;

sin él eran sombríos a mis ojos

del sol los rayos en el mes de abril.

Vivía de su vida aprisionada;

era el centro de mi alma el amor suyo,

era mi aspiración, era mi orgullo...

¿por qué tan presto me olvidaba el vil?


No es mío ya su amor, que a otra prefiere;

sus caricias son frías como el hielo.

Es mentira su fe, finge desvelo...

Mas no me engañará con su ficción...

¡Y amarle pude delirante, loca!

¡No! mi altivez no sufre su maltrato;

y si a olvidar no alcanzas al ingrato

¡te arrancaré del pecho, corazón!