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28/2/10

Ernesto Noboa y Caamaño






Hay tardes en las que uno desearía…

Tenía 36 años cuando se embarcó para partir sin rumbo cierto, Ernesto Noboa y Caamaño "fue la figura representativa del Modernismo en el Ecuador”.




Nació en Guayaquil en 1891. Extremadamente sensitivo y desdeñoso, el zambo como le llamaban por sus mechones ensortijados y rubios sufría de neurosis que solo era calmada con morfina.

En su vida en Quito se destacó escribiendo para periódicos y revistas “ ... amaba más radicalmente las lecturas de los autores favoritos: Heine, Samain, Laforgue, Poe y, sobre todo, Verlaine". Y confesaba su apetencia de morfina y de doral para calmar sus nervios de neurótico".

Marcado por la influencia de los “poetas malditos” lleva una vida al estilo de París e impulsado por su afán de encontrar “el tormentoso itinerario de Baudelaire” viaja a Europa en donde refina sus versos pero donde también se marca más su pesimismo y hastío.

“Noboa apenas usa más recursos que los patéticos de interrogación, admiración, suspensión, repetición. Y los usa con gran espontaneidad. Y toda la imaginería participa de ese ser como interior, con mucho más de emocional y patético que de plástico”

Al regreso a la patria opta por la soledad absoluta, por desfogar su angustia escribiendo sus versos. La muerte lo visita finalmente en la pieza oscura que habitaba junto con sus fantasmas en la ciudad de Quito en 1927.






Aria de olvido

Ernesto Noboa y Caamaño
(Guayaquil, 1889-1927)



Mi corazón es como un cementerio
que pueblan las cruces de lo que he perdido...
¡lo que no ha sepultado el Misterio,
va teniendo que hacerlo el Olvido!
Fraternal cariño que hoy se pudre inerte,
ternuras lejanas, pasión extinguida;
a los unos los segó la Muerte,
a los otros... los mató la Vida.
La Vida que ofrece tenaz y alevosa
la miel en el fresco labio sonriente,
la Muerte que llega, dulce y cautelosa,
con su paso humilde de reina haraposa
a darnos su beso de paz en Ja frente.
Ya todos sois idos, todos estais yertos,
rostros bondadosos, labios compasivos;
¡llevadme vosotros, corazones muertos,
que me despedazan corazones vivos!
Mi alma está poblada como un cementerio
con las negras cruces de lo que he perdido;
¡lo que no ha sepultado el Misterio,
va enterrando, piadoso, el Olvido!

27/2/10

Arturo Borja

(Quito, 1892-1912)


“Un juego deleitoso de imágenes y musicalidad”


“Ernesto Noboa y Caamaño, Humberto Fierro, Miguel Ángel Silva y otros amigos despidieron a Arturo Borja cantando elegías, y cubrieron su sepulcro con rosas y poemas”.

Así se describe el entierro del autor de “La flauta de ónix”, el más musical de los modernistas y también el que de todos ellos murió más joven. Borja tenía veinte años apenas cuando murió de una sobredosis de morfina. Dejando desolado a su gran amigo Ernesto Noboa y Caamaño.

En París a donde viajó por motivos de salud, aprovechó para tomar un curso de literatura, leyó y tuvo contacto con Mallarmé, Baudelaire y Rimbaud, aunque su poeta preferido era Verlaine.

“Su vida, breve y precoz, se había hundido en profundo pesimismo, nostalgia y tristeza, ya que anhelaba el ambiente intelectual de una Francia a la que, bien sabía, no le sería dado volver.


Es recordado en Ecuador como el primer poeta que agitó en los albores del siglo XX la bandera de un nuevo estilo de hacer poesía.”

Aria galante


Arturo Borja

Para ti mi pensamiento,
para ti mi corazón;
para ti, flor de tormento,
mi pasión.
Y que dos cercos violados
que a tus ojos hechizados
aureolan de suplicios,
viertan en mí, alucinados
maleficios.
Porcelana de ilusiones
tu palidez...
Me da claustrales visiones
tu languidez...
y tu labio purpurado
que has mojado
en sangre de corazones,
es una flor de pecado
de un jardín de tentaciones.
¡Princesa de mis quimeras,
que tus moradas ojeras,
que tu inviolada blancura
y la llama de tu boca,
sean blasón de mi loca
desventura!
Y recuérdalo, Princesa,
que mi amor te canta y reza:
para ti mi pensamiento,
para ti mi corazón;
para ti, flor de tormento,

mi pasión.
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