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2/7/10

5 asuntos acerca del futuro del idioma español

Sergio Román Armendáriz
¡Asociación de Usuarias y Usuarios del Idioma Español! ¿Para qué?



1.- La Academia Hispano-Estadounidense habita dentro del monstruo (que señaló Martí) y por lo mismo, ¡o soporta la presión imperial o simpatiza con ella! De allí que parezca tener toda la pinta de ir convirtiéndose, poquito a poquito y aun en contra de la voluntad de sus integrantes, en el caballito de Troya (de la supresión de las tildes) contra nuestro idioma sobre todo porque la sede académica en Madrid lo que hace ahora es aprobar ambigüedades (guión y guion, exfuncionario, ex funcionario y ex-funcionario, periodo y período, la decapitación de la "ch", etc.), ligeras señales hoy que preanuncian graves consecuencias, verbigracia, cuando los devotos del 'spanglish' pidan, por ejemplo, suprimir las tildes y, entonces, desde Madrid se diga con la flojera de siempre que tildar o no tildar da lo mismo.
1.1.- ¿Queremos correr el riesgo de vivir esa deplorable "solución a la carta", verdadera antesala de Babel? 

2.- El asunto es sencillo: ¿Por qué cuatrocientos académicos, por pulcros que sean, poseen el monopolio de decidir (¿ambigüedades?) acerca del presente y futuro de un idioma (el nuestro), el cual aún es patrimonio e instrumento de comunicación de cuatrocientos millones de hispanohablantes?

3.- Al margen, tenemos el derecho de conocer cómo se los elige, quiénes lo hacen y en qué circunstancias y, sobre todo, tenemos derecho a pedirles que, antes de posesionarse o cuando fuere menester, declaren por medio de un juramento ante notario o por otra señal similar, sus relaciones reales, supuestas o inexistentes con las empresas que fabrican artilugios electrónicos?
3.1.- El asunto, por un extremo, es lingüístico, pero -por otro- es político.

4.- Colegas: Divulguemos estas ideas y confiemos que, en algún momento, la protesta tomará cuerpo, pienso yo, dentro de una factible "Asociación de usuarias y usuarios del idioma español (ortodoxo)", que sea contraparte vigilante y permanente de nuestra Real Academia, de tal manera que ésta sepa que sus "in"-decisiones serán debatidas internacionalmente y, en muchos casos, denunciadas.
4.1.- La pregunta es: ¿Hasta qué límite estamos obligados a aceptar aquello en lo que no creemos?

5.- Estamos flotando en una fase preparatoria que no puede tardar más de dos años: divulgar nuestra incomodidad referente al curioso proceder de la Academia (en especial, sus ambigüedades) y, para hacerlo, debemos cultivar la gama total de las relaciones interpersonales directas, y las íntegras opciones que nos ofrece "internet" y su riquísimo menú. 

Saludos,  Sergio Román Armendáriz, www.sergioroman.com / romantic@racsa.co.cr

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