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17/4/11

Mitología Africana I



“Anansi, la araña es un personaje muy astuto de la tribu Ashanti del Africa Occidental. En la tribu Zande, se la conoce como Ture. Uno de los mitos más conocidos es en el que Anansi le pregunta al dios del cielo Onyankopn (o Nyame) si le vende las historias por las que es tan famoso. "¿Qué te hace pensar que puedes acompañar mis historias?" se pregunta el dios. "Se las he negado a los poderosos y tu eres insignificante" Pero Anansi insiste en que le de un precio. Entonces Onyankopon le dice que le traiga a Onini, la pitón, a Osebo el leopardo, a Mmoboro, el enjambre de avispa ya Mmoatia, el espíritu, criaturas que él piensa son imposibles de atrapar. Pero Anansi, con ayuda de su esposa, los consigue atrapar a todos, ¡Añandiendo a su propia madre a la propina! El dios del cielo queda tan impresionado que le da a Anansi sus historias y su bendición. Desde entonces, se las llama historias de la araña”.


SAGRADA NATURALEZA

Los pueblos africanos tenían hacia los fenómenos naturales, hacia el Sol, la Luna,las estrellas, hacia las montañas, los ríos, mares y árboles, cierto respeto sacro. Todo estaba personificado y vivo -asimismo-; y, por doquier, surgían ídolos, fetiches, talismanes, brujos, hechiceros y magos.



La serpiente cósmica

El pueblo Fon, cuenta como la serpiente cósmica, Aida-Hwedo, fue creada al principio de los tiempos por el Creador, un dios andrógino con dos caras: Mawu, la luna, (femenino), y Lisa, el sol, (masculino).

Aido-Hwedo contribuyó a la creación al llevar al creador en su boca mientras se formaba el mundo. Cuando terminó la obra, el Creador vio que era un peso excesivo para la tierra: demasiados árboles, demasiadas motañas, demasiados elefantes, demasiado de todo.

Entonces, le pidió a Aido-Hwedo que se enroscase y se colocase por debajo a la sobrecargada tierra como si fuese un cojín para poder transportarla. Como a Aido-Hwedo no le gustaba el calor, el Creador hizo el océano para que viviera allí.

Al sentir Aido-Hwedo una gran presión sobre sí, tiene que cambiar de postura para descansar, y lo que sucede en esos casos es que se desatan terremotos.

Aido-Hwedo se alimenta de barras de hierro que forjan unos monos rojos que viven bajo el mar. Cuando el hierro se agota, del hambre se come su propia cola. Luego, la tierra, con toda su carga se desequilibra y cae al mar.

Una segunda Aido -Hwedo, la serpiente del arco iris, vive en el cielo y envia a la tierra los rayos de los dioses.



El primitivismo de las leyendas de los pueblos de Africa meridional entronca con una especie de animismo, que les hace adorar a los árboles porque pensaban que, en un tiempo muy lejano, fueron sus antepasados. Lo mismo sucedía con los animales; con el añadido, además, de que se les asociaba con cierta clase de esoterismo que conducía a la creencia de que los muertos se aparecían a los vivos, precisamente, en forma de animales.



“Entre los Bambuti se cuenta que Dios les dio una norma a respetar a los primeros seres humanos: ellos podrían comer las frutas de todos los árboles, excepto las de un árbol. Las personas observaron esta regla, hasta que una mujer embarazada apremiada por el deseo le pidió a su marido para que le trajera la fruta prohibida. El marido, fue hasta el bosque cogió la fruta y se la trajo a la mujer. Sin embargo, la luna, que estaba mirando todo esto, fue e informó a Dios. Dios se enojo y a causa de ello, como castigo, envió la muerte a la tierra”.



El culto a los muertos se hallaba muy extendido, y se consideraba obligatorio hacerles ofrendas. De este modo, la muerte que siempre era tabú -es decir, algo que no debía ni mencionarse ni mentarse pues, de lo contrario, podrían sobrevenir terribles castigos a los infractores de tales preceptos-, adquiría una importancia capital entre los componentes de una determinada tribu y su modo de comportarse. Cuando alguien moría, todos los demás abandonaban el lugar de marras, para que la desgracia no les alcanzara como al finado. Son muy frecuentes, por lo demás, las leyendas sobre la muerte, y existen varios mitos, acerca del origen de tan tremendo mal, en algunas tribus africanas de la zona que estamos describiendo.

“El Creador envió al camaleón Unawabu, a decirle a la humanidad que no moriría y a Intulo, la lagartija, a decirle lo contrario. EL camaleón tardó mucho en llegar, pero la lagartija llegó muy pronto por lo que el mensaje llegó antes”.

En el valle del río Níger, el fetichismo se halla muy extendido y, de entre sus pobladores, surgen muchos magos y hechiceros que son los encargados de dirigir el culto al ídolo y de ofrecerle los distintos sacrificios; también tienen el don de predecir el futuro y de pronunciar oráculos.



Mito de los Fang

En el principio sólo existia Nzame, que tenía tres divinidades: Nzame, Mebere, y Nkwa. Nzame creó el universo y la tierra y le trajo vida. Las tres partes de Nzame estaban admirando esta creación y pensaron: -¿quién gobernara la tierra? – Entonces creó al elefante, al leopardo, al antílope y al mono, pero pensaron que había que crear un gobernante mejor. Entre los tres hicieron una nueva criatura en su imagen, y le llamaron Fam (poder), y le dijeron que gobernara la tierra.

Pasado un tiempo, Fam se volvió arrogante, maltrataba a los animales y dejó de rendir culto a Nzame. Nzame, enfadado, llamó al trueno Nzalan y este mandó truenos y relámpagos y destruyó todo lo que existía, excepto a Fam a quien había prometido la inmortalidad. Nzame decidió renovar la tierra y probar de nuevo. Puso una nueva capa de tierra al planeta y creció un árbol en ella. El árbol dejó caer semillas de las que crecieron más árboles. El árbol dejó caer algunas de sus hojas en el agua y se convirtieton en peces, y dejó caer otras hojas en la tierra y se conviertieron en animales. La tierra quemada por el trueno quedó debajo y la prueba es que si se excaba profundamente se encuentra esa tierra a la que llamamos carbón. Más tarde, Nzame decidió crear un nuevo hombre, pero esta vez lo haría mortal, y le llamó Sekume, que es el padre de todos nosotros. Hizo a Sekume con Gnoul (cuerpo) y Nissim (alma). Nissim le da vida a Gnoul. Cuando Gnoul se muere, Nissim sigue vivo. Nissim vive en el ojo. El punto brillante que hay en el centro del ojo es Nsissim. Más tarde, Nzame le dijo a Sekume que cogiera un árbol e hiciera con él una mujer. Así lo hizo y le llamó Mbongwe, que es la primera mujer y la madre de todos nosotros. Entre los dos tuvieron muchos hijos. Y ¿qué pasó con Fam?. Un día Sekume cogió a Fam, hizon un profundo agujero en la tierra y metió en él a Fam, poniendo una gran figura de Nzame, de piedra, taponando la entrada. Pero Fam hizo túneles debajo de la tierra hasta que consiguió salir fuera. Entonces, al encontrarse con que Sekume, Mbongwe y sus hijos se habían adueñado de la tierra. Enfurecido, se oculto en los bosques y en el agua donde mata a las personas y hunde los barcos.



Mito de Creación

Hubo un tiempo en que el ser superior Mulukú -en las poblaciones centroafricanas, a la deidad suprema se la conocía con el nombre de Woka- se propuso hacer brotar, de la tierra misma, a la primera pareja de la que todos descendemos. Mulukú, que dominaba el oficio de la siembra o, por mejor decir, era el sembrador por excelencia, hizo dos agujeros en el suelo. De uno surgió una mujer, del otro surgió un hombre. Ambos gozaban de la simpatía y el cariño de su hacedor y, por lo mismo, decidió enseñarles todo lo relativo a la tierra y su cultivo. Les proveyó, además, de herramientas para cavar y mullir el suelo y para cortar, o podar, árboles secos, y para clavar estacas. Puso en sus manos semillas de mijo para sembrar en la tierra y, en fin, les mostró la manera de vivir por sí mismos, sin dependencia alguna de cualesquiera otras criaturas.

Sin embargo, cuenta la leyenda que la primera pareja de nuestra especie desatendió todos los consejos que la deidad les había dado y que, por lo mismo, abandonaron las tierras, las cuales terminaron convirtiéndose en eriales y campos yermos. Y, así, la primera pareja consumó su desobediencia, con lo que su hacedor los trastocó en monos. El mito -o, por mejor decir, la fábula-, relata que Mulukú montó en cólera y arrancó la cola de los monos para ponérsela a la especie humana. Al propio tiempo ordenó a los monos que fueran humanos y a los humanos que fueran monos; depositó en éstos su confianza, mientras que se la retiraba a los humanos. Y dijo a los monos: "Sed humanos". Y a los humanos: "Sed monos".



LA CUNA DEL "AUSTRALOPITHECUS"

La figura de un padre protector y poderoso también aparece entre los pueblos africanos. Y, respecto a su cosmología, numerosas leyendas jalonan la propia idiosincrasia de las diferentes tribus. Todos los pobladores del Africa negra han creído que la tierra no tenía edad, y que existía desde siempre. Y, según opinión de muchos historiadores insuficientemente documentados, es decir, que basaban más sus asertos y conclusiones en fatuas declaraciones de eruditos pensadores, que en una labor de investigación y estudio personales, se ha llegado a decir que los africanos forman parte de los denominados "pueblos sin historia". Lo cual quiere decir que no han contribuido al desarrollo de la humanidad, ni mucho ni poco; y que entre los negros africanos ha sido desigual su evolución y, desde luego, ninguno ha creado una cultura autóctona que lo caracterice. Sin embargo, descubrimientos arqueológicos de gran importancia -entre otros el del primer homínido, conocido con el nombre de "australopithecus", pues sus restos fueron hallados, hace poco más de medio siglo, concretamente en el año 1924, en la zona austral del continente africano-, así como el profundo estudio de las innumerables muestras de arte rupestre, que se encuentran en toda Africa, han llevado a reconsiderar los erróneos criterios que hasta hace muy poco se tenían del continente negro.



COSTUMBRES ANCESTRALES

El largo camino de la hominización no fue, sin embargo, tan lineal como pudiera parecer a primera vista. Muchos horrores, que el acceso de las civilizaciones iría corrigiendo, jalonaron el tiempo y el espacio históricos. Algunas de las tribus que pueblan los territorios del occidente africano conservaron, hasta épocas muy recientes, costumbres que muy poco tienen que ver con el programa social y político de otros grupos humanos.

A este respecto, el gran investigador Frazer, en su cualificada obra La Rama Dorada, se hace eco de las siguientes palabras que un misionero dejó escritas -cuando ya el siglo XIX tocaba a su fin- después de convivir con algunas tribus del Africa negra: "Entre las costumbres del país, una de las más curiosas es incuestionablemente la de juzgar y castigar al rey. Si él ha merecido el odio de su pueblo por excederse en sus derechos, uno de sus consejeros, sobre el que recae la obligación más pesada, requiere al príncipe para que se vaya a dormir, lo que significa sencillamente envenenarse y morir".

Al parecer, en el último momento, algunos monarcas no estaban dispuestos a quitarse la vida de un modo tan expeditivo, lo cual era interpretado por los súbditos más allegados como una falta de valor. Entonces, se recababa la ayuda de un amigo que en el instante supremo se encargaría de darle un último empujón, por así decirlo; lo importante era que el pueblo no llegara a enterarse de la falta de valor de su soberano. En cuanto al sujeto elegido para llevar a cabo tan abominable magnicidio, se loaba su predisposición y se agradecía el servicio prestado a su tribu.



GENIECILLOS Y GIGANTES

La variedad de leyendas del Africa negra se debe a la diversidad de tribus que la habitan. En muchas poblaciones se tenía en gran estima todo el ancestro de sus antepasados y, aun cuando su territorio fuera invadido por otros pueblos de costumbres e ideas diferentes, nunca dejaron que sus ritos y mitos se perdieran. Tal es el caso de algunas tribus de pescadores y campesinos que moraban en las riberas del Níger, que vieron anegada su propia idiosincrasia por otros pueblos, especialmente musulmanes. Sin embargo, las creencias y la fuerza de sus mitos no perdieron apenas prestancia. Siguieron adorando a los espíritus y genios que moraban en la naturaleza, y a los que se hacía necesario aplacar, y mantener contentos, para que las cosechas no se agotaran y para que la pesca fuera abundante.

El aire, la tierra y el río, estaban plagados de espíritus -lo cual implica el concepto animista que de la naturaleza tenían los negros africanos-, a quienes se acudía, y se invocaba, cuando se necesitaba una ayuda superior. Había también ciertas leyendas en las que aparecía el polífago gigante Maka que, para satisfacer su voraz apetito, necesitaba devorar animales tan enormes como los hipopótamos; y cuando se disponía a saciar su sed, algunos de los lagos cercanos se veían seriamente mermados.



CIUDADES BAJO EL AGUA

También había una hermosa mujer que aparecía plena de juventud y lozanía. Se llamaba Haraké, y su poder de atracción era tal que no se sabía si era diosa o si pertenecía a la especie de los humanos mortales. La leyenda más extendida afirmaba que Haraké tenía los cabellos tan transparentes como las propias aguas que le servían de morada. Al atardecer, la hermosa muchacha tenía por costumbre descansar al borde mismo del Níger, y esperar así hasta que llegara su amante. En cuanto éste se reunía con ella, ambos se adentraban en las profundidades de aquellas aguas encantadas y profundas; la muchacha llevaba al elegido en su corazón a través de maravillosos caminos que conducían a fastuosas y desconocidas ciudades. En sus espléndidos recintos, y entre el sonido del tantán y de los tambores, tendría lugar la ostentosa ceremonia que uniría a la feliz pareja para toda la vida.

Todas las narraciones de la fábula expuesta hacen hincapié en que fue Haraké quien condujo a su amante, y no viceversa. Con ello se quiere dar a entender que la mujer era muy respetada entre ciertas tribus del Africa negra. Sus privilegios provenían de su consideración como madre y esposa.

Aunque, al mismo tiempo, aparecen representaciones femeninas en actitud sumisa pero, si uno se fija en su rostro, observará cierta clase de serenidad que, al decir de investigadores y antropólogos, indicaba la importancia concedida a esa especie de mundo anímico, o vida interior, con que debía arroparse la mujer negra, so pena de poner en entredicho su condición femenina.



Mawu

Mawu es la diosa suprema de los Fon de Abomey (República de Benin). Mawu, la Luna, trae temperaturas más frías al mundo Africano.

Ella es representada como una madre vieja que vive en el Oeste. En algunas mitilogías, ella era representada como la gemela y esposa de Liza. Juntos ellos crearon el mundo. Su hijo Gu es el dios forjador o la herramienta divina. Ellos lo usaron para darle forma al universo. La serpiente Da también los ayudó durante la creación.

Mawu era la diosa de la noche, la felicidad , y la maternidad. Liza era el dios del día, del calor y de la fuerza.



MITO DE LAS DOS LUMINARIAS

De entre las numerosas leyendas del continente africano sobresale la de los negros de Senegal, puesto que acaso sean los únicos que tienen una cosmología digna de tal nombre.

Sus fábulas muestran que las dos luminarias, es decir, tanto el Sol como la Luna, estaban ya consideradas como superiores a los demás astros. El mito cosmogónico pretende establecer las diferencias de ambos cuerpos astrales, y se propone explicar -de una manera muy simple, aunque cargada de connotaciones míticas y emblemáticas- las grandes diferencias entre la Luna y el Sol. El brillo, el calor y la luz que se desprenden del astro-rey impiden que seamos capaces de mirarlo fijamente. En cambio, a la Luna podemos contemplarla con insistencia sin que nuestros ojos sufran daño alguno. Ello es así porque, en cierta ocasión, estaban bañándose desnudas las madres de ambas luminarias. Mientras el Sol mantuvo una actitud cargada de pudor, y no dirigió su mirada ni un instante hacia la desnudez de su progenitura, la Luna, en cambio, no tuvo reparos en observar la desnudez de su antecesora. Después de salir del baño, le fue dicho al Sol: "Hijo mío, siempre me has respetado y deseo que la única, y poderosa deidad, te bendiga por ello. Tus ojos se apartaron de mí mientras me bañaba desnuda y, por ello, quiero que desde ahora, ningún ser vivo pueda mirarte a ti sin que su vista quede dañada".

Y a la Luna le fue dicho: "Hija mía, tú no me has respetado mientras me bañaba. Me has mirado fijamente, como si fuera un objeto brillante y, por ello, yo quiero que, a partir de ahora, todos los seres vivos puedan mirarte a ti sin que su vista que dañada ni se cansen sus ojos".




Fuente:
http://antropos.galeon.com/html/mitosafrica.htm

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