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12/1/12

Al señor del verso ecuatorial

Sergio Román Armendáriz (Ecuador, 1934)
(poema tomado de su ‘Caligrafía del exilio’)

Gracias a su respiración de imágenes y palabras,
Hugo Mayo, *
señor del verso ecuatorial del siglo veinte,
yo cultivé semejanzas y diferencias
con usted
con su vocabulario adán
con su particular gramática
con su utopía civil
con sus ochenta espléndidos años que se atropellan todavía encima de su ‘Motocicleta’ dadá,
revista y carretera que atravesé con los pies descalzos de muchacho deslumbrado
desde su ‘Zaguán de aluminio’,
áspero texto suyo cuyos originales se extraviaron misteriosamente en una imprenta oficial y tuvo que recuperarlos, letra a letra, de memoria, sesenta años después,
hasta aquel día cuando el presentimiento estrujó mi corazón y dejando inconclusa mi tarea cotidiana
de pronto grité:
‘Necesito escribirle al maestro’
y sin esperar contestación
envié al azar
un mensaje escrito a mano
dentro de un sobre escoltado por vistosas estampillas,
dirigido a su
‘Departamento de Rentas del Palacio Municipal en ese Guayaquil inexplicable del Ecuador país amazónico ubicado en la América del Sur’
oficina en donde su musa iconoclasta
y usted
en una especie de herejía y sacramento
flotaban
entre operaciones matemáticas
e informes burocráticos
y trámites administrativos conducentes a fijar impuestos o exenciones
pero
por una pirueta del destino
de alguna manera mi carta se cruzó con su respuesta
que encerraba
una metafórica despedida del paisaje y una dedicatoria para mí
entretejidas en su terrible y bellísima “Magia de un final”,
tesoro que mis duendes extraviaron en alguna inesperada esquina del tiempo
aunque yo lo he conservado íntegro y celoso en mi corazón confundido y en mi furiosa memoria,
¡Poeta!,
así aprecié tu gesto al igual que una invitación o una aprobación tácitas para que yo continúe creando imágenes y palabras
al margen de los premios oficiales y de las ediciones de lujo y de las antologías arbitrarias y de las academias
asumiendo entonces que me habías aceptado por fin y en silencio como era tu costumbre  
a la manera de un casi inevitable y pobre heredero literario de tu estirpe
por ser tal vez
tú y yo
tan distantes en el estilo y en el gusto de las generaciones
y sin embargo
tan próximos en la libertad y en la lealtad al rayo del pueblo
y al fuego sin tregua de la poesía.


1980

* Mayo, Hugo, seudónimo de Miguel Augusto Egas Miranda (Manta 1897-Guayaquil 1988). Introductor de la vanguardia en el Ecuador (1919-1933), ola que nació con su ultraísta ‘Sepelio del papagayo K’ y derrapó en curva cerrada con su revista dadaísta ‘Motocicleta’ (1927) que creó para chocar contra el modernismo rubendariano al que consideraba, después del suicidio de Medardo Ángel Silva (Guayaquil, 1898-1919) agotado en sus opciones expresivas. A pesar de esto y, sobre todo, en cuanto al estudio de las posibilidades polisemánticas y antípodas del vocablo, influyó en el ‘Club 7’ (pues siempre fue muy amistoso y muy conversador con sus miembros) en cuyo primer libro plural, presentó a Gastón Hidalgo Ortega (1929-1973). En: Benavides, Espinel, Hidalgo, Ledesma y Román. ‘Club 7’. Guayaquil, Casa de la Cultura, 1954. (Págs.45-46, de 99). Se dice de ‘Motocicleta’, que circularon sólo cuatro números, hoy extraviados. / Después de 1933, HM trabajó en la Municipalidad de Guayaquil desde donde, en sus breves ratos libres, mantuvo correspondencia con algunos literatos del mundo. Publicó ‘El zaguán de aluminio’ (1982, sesenta años después de un extraño extravío de los originales en la imprenta, 1922). Por eso, en una nota inicial, subrayó: ‘Lo que más recuerdo de los 15 poemas que lo integraban, está aquí.’  SR


Hugo Mayo 
Seudónimo de Miguel Augusto Egas Miranda 
(Manta, 1895 /Guayaquil, 1988)
Poeta introductor de la vanguardia literaria en el Ecuador,  quien por su actitud creativa y crítica, influyó en el ‘Club 7’ de Poesía (Guayaquil, 1951-1962) a cuyos integrantes honró con sus conversaciones e, incluso, presentó a Gastón Hidalgo Ortega (1929-1973), uno de los 5 integrantes del grupo en su primera publicación plural, a quien calificó como ‘el rebelde de su generación’. (‘Club 7’. Guayaquil, Casa de la Cultura, 1954. Págs. 45-46, de 99).  

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