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15 de septiembre de 2019

Mi último beso morirá en tus ojeras

¿Qué fuera de nosotros sin la sed de lo hermoso 
y lo bello y lo grande y lo noble?

de Epístola 

Retrato de Arturo Borja Pérez, obra de Nicolás Delgado.

Nacido el 15 de septiembre de 1892, en Quito, en el seno del hogar del jurisconsulto, Luis Felipe Borja Pérez y Carmen Amelia Pérez Chiriboga. Su infancia estuvo marcada por la figura de su padre quien educó a sus 16 hijos con una estricta disciplina. Arturo Borja, sintió desde pequeño gran afinidad hacia el arte, en especial a la poesía. A los 15 años había escrito sus primeros poemas y a esa misma edad sufre una herida en el globo de uno de sus ojos con la pluma con la que escribía. Con el propósito de curarse, viaja junto a un tío a París, ciudad en la que toma un curso de letras, ahí tiene contacto con la obra de Baudelaire, Verlaine, Samain, Mallarmé, entre otros. Su vida y su personalidad habían cambiado para siempre. 

A su regreso a Quito a los 17 años, su estancia en París le habían vuelto algo risueño y sociable. Forma un grupo literario con los jóvenes autores de la capital, se dedica a liderar la creación de revistas literarias, a la lectura, a escribir poesía y a la bohemia. Fue el líder indiscutible del movimiento modernista, mantuvo amistad con Humberto Fierro quien de carácter solitario consideraba a Borja como su mejor amigo, el único que interrumpía los silencios profundos de su vida. También fue cercano a Ernesto Noboa y Caamaño, al que conoció en Europa y con el que solía reunirse con más frecuencia.

¡La vida, la vida, la vida!
La negra miseria escondida
royéndonos sin compasión
y la pobre juventud perdida
que ha perdido hasta su corazón.

de Vas lacrimae


El grupo de poetas se reunía en los clubes como El Bodegón Bogotano, El murciélago, La casa del Embrujo, el Club Pichincha, entre otros; bebían vino, caña y cerveza, recitaban poesía y tenían profundas charlas sobre temas artísticos. Alguna vez emulando un recital nocturno en el cementerio Peré Lachaise de París, repetido en el cementerio Presbítero Maestro de Lima, ellos también organizaron el propio en el de San Diego. 

Arturo Borja se entregó de manera total a la poesía, ese era su más grande interés, sin embargo tampoco fue indiferente a los sucesos del país, en especial a los de Quito. En su poema Epístola, dedicado a su amigo Ernesto Noboa y Caamaño, se queja de la presencia militar "Hermano -poeta, esta vida de Quito, estúpida y modesta, está hoy insoportable, con su militarismo idiota e inaguantable". Además, participó como crítico en la revista Letras (1912). Su amplio conocimiento de la realidad nacional e internacional y su ávido gusto por la lectura, le facultaban para esta tarea. 

En el blanco cementerio 
fue la cita. Tú te fuiste 
dejándome en el misterio 
como nadie, solo y triste.

de En el blanco cementerio

Conoce a la joven guayaquileña Carmen Rosa Sánchez Destruge, quien fue amiga y musa del círculo modernista. Residía en la capital junto a su familia, su padre solía promover en su casa las reuniones literarias. Ella se entusiasmaba con las ideas del grupo e incluso los acompañó al recital nocturno realizado en el cementerio de San Diego, ese sitio se convertiría en uno de los lugares de encuentro para las citas entre Carmen Rosa y Arturo. 

Tras el fallecimiento de su padre en abril de 1912 y luego de heredar ocho mil sucres, el poeta declara su amor a Carmen Rosa y se casa con ella meses después, en una ceremonia privada el 14 de octubre del mismo año. 

Indiferentemente tiene mi herida abierta
el dorado veneno que me dio esa mujer:
Voy a entrar al olvido por la mágica puerta
que me abrirá ese loco divino: ¡BAUDELAIRE!

de Voy a entrar al olvido

La madrugada del 13 de noviembre de 1912, alarmada Carmen Rosa llama a su familia, el poeta de 20 años estaba muerto. Se había administrado una alta dosis de Veronal. El suceso conmovió a la sociedad quiteña, los jóvenes poetas modernistas quedaron desolados. Algunos testimonios de la época señalan que él manifestó su intención de quitarse la vida cuando su herencia se haya terminado. 

Portada de La flauta de ónix, publicada en 1920.

Su obra fue publicada póstumamente, en 1920, con el nombre de La flauta de ónix. Algunos de sus poemas, por su prematura muerte se quedaron inconclusos. En 1919, mediante un concurso literario, uno de ellos, C. Chaminade es completado por otro autor. El poema Para mi tu recuerdo, fue musicalizado por Carlos Brito Benavides como pasillo e interpretado por varios valores musicales del Ecuador.

Fuentes: 
Arturo Borja, “Revistas” , en Letras, Quito, Agosto 1912, Vol. 1 , No. 1, p. 31



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