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4 de abril de 2020

Las Cruces sobre el Agua (Una novela épica)

por Fabián Núñez Baquero

La Obra

Ilustración de Eduardo Borja Illescas
para Las cruces sobre el agua.

La novela es, en general, de carácter histórico-sociológico, y, en particular, de raigambre y desarrollo épicos. Los rasgos fundamentales de esta obra épica es que cuenta hechos históricos conocidos, es decir se asienta en el pasado de un pueblo, como el de Guayaquil, donde la vida, los amores, esperanzas y desesperos de la gente de los barrios pobres o marginales de la ciudad constituyen la anticipación y la textura social para el despliegue de un magno acontecimiento como fue la carnicería del 15 de noviembre de 1922 a cargo de los militares.  El estilo es directo, objetivo, con los diálogos de protagonistas y extras funcionando en ágil mezcla de escenas y cuadros ( tableaus ) dinámicos que dan visos de inmediatez y contundencia al relato:

- ¡Pan es lo que hay que exigir!
-Que suban el jornal esos caimanes!
-Queremos la baja del cambio!
-No! No! No!
-No! Fuera esos vendidos!
-Abajo el hambre!

Contada en tercera persona, la muchedumbre de personajes que transitan por el tinglado del acontecer impone una polifonía de voces que salen a relucir con algarabía y espontaneidad que convencen y afirman la experiencia vital del escritor. Sólo para intentar un ligero balance nombramos a Trinidad, la madre de Eduardo, a Magdalena, su madrastra, El Víbora, amante de Margarita Montiel, Malpuntazo, ese muchacho díscolo y teratológico,, Manyoma, el pervertido, Violeta, ensoñadora y sensitiva, el Pirata, la impredecible Gloria, la morena Trífila, Alfonso Cortés, uña y carne de Eduardo, Germania y sus hermanas….Rosa y Santiana, Tubo Bajo, Cuero Duro, Leonor, las Pandillas Sello Rojo y la de los Corta-Nalgas… Si bien los protagonistas son Eduardo Baldeón, el dirigente de los panaderos y Alfonso Cortés, empleado público y músico, la novela es un vivero de historias, una especie de voz múltiple y cósmica que converge como un océano al estallido social. Haber logrado que hable todo el pueblo y que cuente su realidad y sus contradicciones es la conquista magistral de Gallegos Lara:

-¿Se ha sacado la lotería?
- ¿Yo?
Violeta rió:
-Como no quiere ver a los pobres.

El tiempo no es lineal sino nostálgico y envolvente, con sentido de actualidad y de pasado y ambiente y personajes no son simplemente imaginados sino que poseen corporeidad y fuerza:
Los contrarios lo llamaban bolchevique. Él, en sus caras, los afrentaba de traidores. En una sesión, llegó a esgrimir una silla contra dos de los jefes de Confederación Obrera que, se aseguraba, estaban sobornados por uno de los bancos de la ciudad.

La historia que narra y los recursos utilizados dan una fisonomía y latido contemporáneos a esta obra cuya suculencia de hecho vivido nos hace admirar el camino andado por el escritor a pesar de sus limitaciones económicas y corporales Y no podemos deslindar la denuncia histórica contra el aparato de represión capitalista que el escritor lo hace nítidamente:

Sobre el cuadriculado de piedras que el sol tostaba, hombres, chicos, mujeres, rodaban, tiesos ya, o aún retorciéndose…

- No son pacos, son milicos!
-Pupos del Marañón!
-Criminales del Cazadores de Los Ríos
Después del Último Viaje de Eduardo Baldeón, cuando ya éste fue encontrado entre los acribillados y llorado por sus deudos, este último diálogo nos planta de lleno en el por qué del título de la novela:
- Hemos sudado mi teniente, con estos pendejos! ¿Para botarlos al agua es que los hemos acarreado acá a la orilla?
.Claro, pues, bruto! ¿Para qué sinó? Es por si acaso una exhumadera, no hallen tantos en el panteón.
-Pero van a flotar…

Para concluir, la novela es un cantero rico de recursos históricos y literarios y de problemas políticos y de organización que hasta el momento no han sido ni estudiados ni resueltos.

Esquema de Orientación

  • Infancia de Eduardo Baldeón, el protagonista, en La Artillería, abandono de su madre Trinidad, pandemia de bubónica en el Puerto, integración de Alfredo a la guerrilla del coronel Carlos Concha.
  • Regreso de la guerrilla. Amistad con Alfonso Cortés. Amores de Eduardo Baldeón y Alfonso Cortés con las hermanas Montiel, trabajo en el taller de Mano de Cabra, la rebaja de jornales y la amenaza de huelga.
  • Viaje de Eduardo Baldeón a Lima, amores de Alfonso Cortés con Violeta. Las broncas entre pandillas: Sello Rojo, Sello Gris y los Corta-Nalgas.
  • Eduardo regresa de Lima, se une a Leonor. Trabaja en una panadería donde cada vez rebajan los salarios. Eduardo se rebela y renuncia. .Baja general de salarios y devaluación monetaria
  • Hambre, movilización de obreros y todo el pueblo. Los militares tiran a matar. Un grupo pequeño de panaderos se arma y muere luchando con Eduardo, su dirigente.


Esquema Conceptual

  • Esta novela épica es un entretejido de historias del pueblo pobre, sus necesidades y esperanzas, su rebeldía desorganizada que, a la final, se enfrenta al genocidio militar.
  • La historia principal es la del panadero Eduardo Baldeón, un luchador en la revolución de Concha, que surge como dirigente de su gremio y se enfrenta a los militares porque no está de acuerdo con el hambre y el desempleo de la sociedad capitalista.
  • La historia paralela de Alfonso Cortés, amigo íntimo de Baldeón, resalta la leve diferencia de cultura y posición social que le permite a éste ser más consciente de los problemas, pero menos aventurado en la acción.
  • Cada historia, por mínima que sea, destaca una época de aguda convulsión social y económica, crisis bancaria, desempleo global y jornales de hambre.
  • Las organizaciones obreras y sus nombres, como la de Rosa Luxemburgo, señala la participación de las mujeres en la lucha y la influencia decisiva de la gran Revolución de Octubre de 1917 y de sus líderes.
  • El contraste drástico entre  el pueblo desarmado y la prepotencia militar convierte al esfuerzo épico de los humildes en un protestantismo débil y suicida y a los militares en asesinos.

Joaquín Gallegos Lara

Por Fabián Núñez Baquero

El hombre

Retrato al carbón de Joaquín Gallegos Lara,
realizado por Alfredo Palacio.

Joaquín Gallegos Lara, autor de esta novela, nació en Guayaquil en 1911 y murió en la misma ciudad en 1947.En lapso tan corto de existencia se despliega una serie de sucesos históricos de importancia colosal que, seguramente, fueron el rico caldo de cultivo no sólo para su devenir de novelista, sino- y lo que le robó gran parte de su generosa y apasionada existencia- para su labor de militante comunista revolucionario y firme defensor de la clase obrera.

En efecto, un poco lejos del final anómalo de los poetas decapitados y cerca de la Primera Guerra Mundial (1914) se inicia la vida del escritor, quien, en su infancia, atenderá, un tanto confuso y talvez esperanzado, a los acontecimientos-aunque lejanos, pero no menos vívidos- de la más grande revolución en la historia humana: la revolución rusa de Octubre de 1917 que tuvo repercusiones mundiales y cuya onda expansiva y problemas sociales conmocionan hasta el momento. Mucho más cerca de su circunstancia cotidiana estuvieron los sangrientos sucesos  de enero de 1912 que culminaron con el arrastre del General Eloy Alfaro , sus hermanos y conmilitones y el posterior levantamiento guerrillero del Coronel Carlos Concha en Esmeraldas para vengar la muerte del Viejo Luchador e intentar la continuación de la, en ese entonces, heroica revolución burguesa liberal. De hecho, uno de los capítulos de su novela (El primer viaje de Alfredo Baldeón), se refiere a estos magnos eventos.

No menos decisivos fueron los años 1925-27 en los cuales se desarrolla la Revolución Juliana, se fundan los partidos Socialista y Comunista en el país, bajo la zigzagueante política llamada de Bolchevización de Stalin en Rusia. De igual manera, la consolidación del modo de producción capitalista con el surgimiento de sindicatos y gremios obreros en la década del 20, cuya cuota inicial lo entregaron los trabajadores en la tenebrosa masacre del 15 de noviembre de 1922, fueron el fulminante material e ideológico que llevó a muchos intelectuales- como el caso de Gallegos o Gil Gilbert, Aguilera Malta  o José de la Cuadra- a integrarse en las filas de estos partidos que- de alguna forma, -aunque distorsionada- constituían la continuación del legado revolucionario de Lenin y Trotsky.

En el caso de Gallegos Lara, la nefanda carnicería de 1922 le sirve también para asentar- como constancia histórica- sobre todo en el capítulo X de su novela- estos trágicos sucesos que de manera casi testimonial constituyen la columna vertebral de su narración.

Como acucioso autodidacta, Gallegos Lara- igual que sus colegas intelectuales y políticos- no pudo pasar desapercibido a los acaecimientos de la Revolución Española, de la Guerra de los 4 Días en el Ecuador, de los infames Juicios de Moscú, en la década del 30 del siglo XX, así como de la Segunda Guerra Mundial, la Guerra del Perú y Ecuador y la Revolución denominada La Gloriosa en el país, en la década del 40. Todo este escenario histórico es de extrema importancia recordarlo para entender el por qué de las preocupaciones literarias y políticas de Gallegos Lara y el por qué del surgimiento de una literatura robusta y revolucionaria también, que hasta ahora no ha sido superada en el Ecuador. De hecho, así como la Revolución Francesa generó el romanticismo, de igual manera, la Revolución Socialista de Octubre prohijó el denominado Realismo Social. Una revolución en esencia es la transformación de todo, desde el modo de producción hasta el lenguaje, el pensamiento y la literatura.

Pero es evidente que la base histórica sin hombres estudiosos y trabajadores que la entiendan y hagan su labor, no significa nada. Gallegos Lara fue un hombre que leyó mucho y trató de absorber todas las literaturas del mundo, y muchas de ellas- como la francesa, las asimilaba del idioma original. Cumplía de esta manera lo que los maestros del marxismo siempre han afirmado: la cultura proletaria sólo puede surgir de una revolución social que al mismo tiempo, en su élite intelectual, pueda entender y asimilar todas las otras culturas, incluida la cultura burguesa.
Por su condición económico-social; por su carácter de minusválido, pues, por malformación genética, carecía de extremidades inferiores; por su dedicada entrega a su labor de autodidacta de las letras y la política y por su intransigente defensa de la clase obrera, Gallegos Lara es un ejemplo viviente de artista e intelectual orgánico al servicio de los desposeídos.

A los inicios de la década del 30, Gallegos Lara saca a luz, junto con Enrique Gil Gilbert y Demetrio Aguilera Malta, el libro Los que se van, una obra cuyo subtítulo  Cuentos del cholo y del montubio ya anuncia la esencia temática y la preocupación central de los jóvenes narradores. Con este libro se inicia un movimiento llamado Grupo de Guayaquil en el mismo que luego se incluirán José de la Cuadra y Alfredo Pareja Diezcanseco. Todos reconocerán en Gallegos Lara al más maduro y abanderado del grupo que representará la más alta expresión de la literatura ecuatoriana en la década del 30.

El autor sólo publicó en vida sus cuentos incluidos en Los Que se Van ( 1930) y su novela Las Cruces sobre el Agua salió a circulación un año antes de su muerte. Según José de la Cuadra, Gallegos Lara tenía escrita una novela de la época de la crisis del cacao, llamada La Bruja así como una sobre Los Guandos, los humildes estibadores indígenas y mestizos andinos. En 1956 la Casa de la Cultura Matriz publicó su ensayo Biografía del Pueblo Indio.

6 de marzo de 2020

Biografía del escritor Fabián Núñez Baquero

Fabián Nuñez B, en un bar japonés

Nació en la ciudad de Tulcán, Ecuador, Suramérica, en 1942. A los cuatro años de edad sus padres se instalan en Quito, capital del país, y desde entonces vivirá permanentemente en esta ciudad. Estudia en las escuelas José Martí, luego en los Hermanos Cristianos de San Blas, para culminar sus estudios escolares en la Escuela Simón Bolívar. Ingresa por dos años consecutivos en el Colegio Mejía sin terminar su bachillerato. Desde muy niño su gusto por la lectura le lleva a conocer de forma asistemática autores y disciplinas dispares, en lo que podría denominarse una facultad omnívora lectora, lo que le predispone a su carrera de autodidacta, que no la dejará nunca.

Para atender a su existencia realiza trabajos de pequeño comerciante, agente de seguros, profesor de colegio y universidad, entre otras actividades productivas. A los veinte años de edad ingresa en el ejército para estudiar electrónica al mismo tiempo que cumple con su responsabilidad de conscripto. Al salir del cuartel publicará su primer libro de versos, Voces errantes a los 26 años de edad. Desde entonces escribe incansablemente poesía, ensayo y narración. Podemos  citar, entre los publicados: Sísifo en los Andes, En torno a Montalvo, ¿Y quién detiene la luz? Mundo de guerras y revoluciones, ensayos sociales y literarios; Dijo la tortuga, cuentos y apólogos; Otra vez Léntula, Martes 13, Pura Lámpara, La bailarina y los dálmatas, narraciones; en poesía ha publicado La Uña de la Gran Bestia, Invitación a la vida, Solo de amor me rindo, Morir de España dos veces, Estadía en la Galaxia. Ocho títulos más permanecen totalmente inéditos.

*Biografía enviada por F. N. B para Efecto Alquimia

19 de febrero de 2020

Gastón Hidalgo Ortega


Vida


José Gastón Hidalgo Ortega, guayaquileño, nació el 19 de marzo de 1929 y falleció el 5 de enero de 1973. El historiador Rodolfo Pérez Pimentel, en su monumental Diccionario Archivo Biográfico Ecuador (cabe decir, en constante actualización), lo identifica como algo tímido y silencioso; rasgos que pueden incorporarse al testimonio de Sergio Román Armendáriz, amigo y colega dentro del “Club 7 de poesía ecuatorial”, quien alguna vez me manifestó que lo recordaba muy metódico, escueto al dialogar, de corazón solitario, además de elegante. Sus primeras publicaciones se remontan a Nosotros, órgano estudiantil del Colegio Vicente Rocafuerte de Guayaquil. Ejerció la crítica literaria, fue poeta y prosista; corrector de pruebas en la Casa de la Cultura Ecuatoriana-Núcleo del Guayas, desde allí, junto con David Ledesma Vázquez y en reuniones casi de cofradía, abrieron brecha para la definitiva eclosión del “Club 7”. Los demás miembros del grupo fueron: Carlos Benavides Vega, Ileana Espinel Cedeño y Sergio Román Armendáriz. El maestro Hernán Rodríguez Castelo, en el primer tomo de Lírica ecuatoriana contemporánea (Quito, 1979), lo sabe aficionado a Federico García Lorca, también conocedor del simbolismo y modernismo; sobre todo de Paul Verlaine (a esto cabe añadir más autores). Román Armendáriz señala influencias provenientes del Conde de Lautréamont (me parece encabeza la lista), Édgar A. Poe, Charles Baudelaire y la demás corte de bardos "malditos". 

Poesía de tres generaciones (1967)

Su modesta obra, rastreada hasta el cansancio, se halla dispersa en varias revistas: Cuadernos del Guayas 4 (1952), 6 (1953), 8 (1954), 9 (1954), 10 (1955), 16 (1958); Ateneo Ecuatoriano 3, 4 (1953); Letras del Ecuador 101 (enero-marzo, 1955). Diario La Nación de la Paz. Y en libros de carácter plural: Club 7 (Imp. Casa de la Cultura-Núcleo del Guayas, 1954), 33 poemas universitarios (Guayaquil, Imp. de la Universidad, 1955), títulos en colaboración con otros autores de su época. Además, en 33 poemas... fue co-editor. Como sello final, la antología póstuma de su lírica en Colección de poesía ecuatoriana: la Rosa de Papel 25 (Casa de la Cultura Ecuatoriana-Núcleo del Guayas, 1990. Compiladora: Ileana Espinel). Hernán Rodríguez Castelo señala que, quizás animándose para armar un libro autónomo y propio, luego de acudir con algunos poemas a los recitales de Poesía de tres generaciones (hecho libro, 1967) al final prefirió silenciar su pluma, aunque continuó su propia lid, lanza en ristre. 


En Rosa de Papel 25, Alejandro Carrión ('Juan Sin Cielo'), citado por Ileana Espinel, comenta: "Los poemas de este joven lírico señalan un camino trabajoso, apoyado en una gran voluntad que está conduciéndole precisamente a donde quería llegar: a una lírica de angustia honda que baje a lo esencial, a la tiniebla elemental del alma profunda del ser humano, del que vive en todas las latitudes". En Cuadernos... de 1953, sección Itinerario de los libros, Hidalgo Ortega realiza una detallada reseña sobre El jardín de Lutecia de José Antonio Falconí Villagómez, se puede notar con brevedad, un interesante manejo del simbolismo y modernismo; felicita a Falconí Villagómez por su acertada traducción de poesía francesa y lo coloca por sobre Julio Herrera y Reissig. En la misma página, Ileana Espinel señala, a propósito de la aparición de poemas de Gastón Hidalgo Ortega, Sergio Román Armendáriz y David Ledesma Vázquez (Ateneo Ecuatoriano 3,4) que 'Canto del hombre y su materia', de Hidalgo Ortega, es un: "recio poema en el que solo lamentamos la posición de 'exterminio total' en que coloca al habitante de la Tierra". En la misma sección, pero en 1954, nuestro autor reseña y analiza 'Poema para el hijo del hombre', de Jacinto Cordero Espinoza, y por allí, Falconí Villagómez encarnado en su seudónimo ‘Nicol Fasejo’, devuelve la deferencia al decir de él: "Hidalgo Ortega es otro poeta que se hace leer con singular delectación y, a ratos, nos parece influido por Lautréamont o Rollinat" (¡aplausos!). 

Sobre su amigo David Ledesma, en Itinerario de los libros (1955), es singular lo que Hidalgo Ortega dice acerca de aquella poco explorada faceta de relatista del emblemático fundador del "Club 7" (cuento: 'La semana perdida'): "Ledesma Vázquez nos da idea de lo que es también capaz él en el género de ficción: agilidad en la palabra, con una visión amargamente irónica de la vida, en un argumento original". Y cómo no recordar y mencionar, aquella fotografía en Cuadernos... 16 (1958) junto a su muy querida Ileana Espinel, en compañía de Pablo Neruda, Matilde Urrutia y otros más.  Finis.


Poema: ‘Cantoral de Paz’,
Autor: Gastón Hidalgo Ortega,
Dedicatoria: A mi madre,
Año: 1953

Sí, con la fe profunda de mi sangre,
con la más dulce raíz de mi voz,
digo -¡oh, hermanos!- este canto de paz,
esta nueva dimensión de mi alma
que sufre y cae y llora ante el dolor del habitante muerto
sin una estrella en la mano...
¡Cuánta tortura hace trizas mi espíritu
que se debate, angustioso, en una noche eterna!
¡Cuánto dolor sin nombre por un destino adverso!
¡Y por eso te amo, paz, dulce remanso que presienten mis sienes
Lloro por tí (sic), paz, la de mi honda plegaria...
Clamo a tí (sic), paz, en mi dolor de paria...
Busco en tí (sic) una celeste aurora.
Que no vea yo a mi novia con sus senos mordidos por los buitres.
Que no sienta jamás el aletear de murciélagos malditos.
Que no descubra, de pronto, que ya no están mis libros
ni la pluma cordial,
en mi amoroso escritorio...
(Porque si viera -¡oh, Madre mía!- interrumpiendo mi sueño
esa mueca siniestra de Satán,
me vuelvo loco y me suicido...).

por Neal Moriarty

12 de febrero de 2020

Efecto matemático

Aniversario 86 de SR

SRA en Cuba, en sus manos el libro
Club 7 de poesía.
En el 2009, cuando conocimos a Sergio Román Armendáriz, lo primero que llamó nuestra atención del intercambio de correos electrónicos con él, fue la forma de relacionar la vida con los números; en su caso desde su nacimiento pero en particular tomamos en cuenta el nombre del grupo poético del que formó parte Club 7 que luego se convirtió en cinco, en tres y por último en UNO.

Nuestro amigo Sergio está de cumpleaños (1934-02-12) y por ello nos unimos a la celebración y publicamos el prosema Vejez, último mar, escrito en el 2018 con el que cierra la obra que recolecta su trabajo poético de más de medio siglo Uno del Club 7.