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31 de diciembre de 2019

Resumen 2019

No importa si el viento es favorable o no, 
lo importante es tener claro a dónde se va 
y ajustar las velas. 


En el 2019 cumplimos 10 años sin olvidar el compromiso de difundir a los autores ecuatorianos principalmente a los desconocidos para que nuevas generaciones puedan saber de ellos, de su vida, obra y del tiempo en el que desarrollaron su trabajo, y es que, nos queda claro que un escritor no es una isla, es el resultado de su época, de las lecturas que ha tenido, de los procesos sociales, de las personas con las que compartió sus inquietudes...

En estos 365 días, conocimos un poco más del modernismo y sus representantes. En el mes de junio, coincidiendo con los 100 años de la muerte de Medardo Ángel Silva, publicamos varias notas:


En el mes de julio, con el artículo El triste suspiro de la brisa recordamos los 190 años del nacimiento de la poeta Dolores Veintimilla, además hurgamos en la vida de dos escritores claves para entender las corrientes literarias de finales del siglo XIX e inicios del XX, el modernismo con uno de sus precursores Joaquín Gallegos del Campo y a quien inició la literatura de ciencia ficción en el Ecuador, Francisco Campos Coello.


Como parte de los homenajes especiales escribimos artículos sobre Arturo Borja; Mi último beso morirá en tus ojeras¡A un corazón que se agobia denle el canto de la lluvia! Rescatamos de la revista Caricatura de abril del 1919, la entrevista realizada a Humberto Fierro, De propia voz y, La angustia de las horas referente a Ernesto Noboa Caamaño. Enfrentamos nuevamente a Gabriel García Moreno y Juan Montalvo en Pluma contra pluma

Publicamos algunos poemas de Jorge Enrique Adoum, del monseñor Leonidas Proaño, del padre Aurelio Espinosa Pólit, el artículo Galería de los escritores fue resultado de la visita realizada a la BEAEP (Centro Cultural Biblioteca Ecuatoriana Aurelio Espinosa Pólit) y Realismo Social e Indigenismo nació de la inquietud de saber cómo se veían los procesos de protesta social en el siglo XX. Por último, no menos importante y con el cariño que tenemos al Club 7 de poesía, recordamos a dos de sus integrantes, Carlos Benavides Vega y David Ledesma Vázquez

Por ahora y aunque hubiese querido publicar más, mis actividades no me han permitido investigar y escribir con frecuencia en el blog, tampoco concretar la publicación de los libros y revistas pendientes, en todo caso, el 2020 nos espera aún en blanco, que todos los propósitos se cumplan y que cada vez que visiten este espacio virtual, encuentren un sitio de agradables lecturas y conocimiento. 


¡Feliz año Nuevo!

XAFV

19 de diciembre de 2019

Soy un grito que flota entre la niebla

Retrato de David Ledesma cuando niño
David de niño

“Breve, denso y auténtico”1

Conocí a David gracias a un amigo en común, él solía hablarme de aquel compañero del colegio, con quien compartió las inquietudes juveniles, su gusto por la poesía, el teatro, el radioteatro y una amistad que ha logrado traspasar el tiempo e incluso la muerte.

David Alberto Ledesma Vázquez, nació en Guayaquil, el 17 de diciembre de 1934. Desde muy temprana edad mostró gran sensibilidad y talento para la literatura y el teatro. En 1951 fundó con otros escritores y artistas de los colegios secundarios la "Agrupación Ecuatoriana de Cultura".


Nuestro amigo en común, lo conoció una mañana en la imprenta del Colegio Vicente Rocafuerte, "parecía un ángel" me comentaba, era verdad, cuando pude verlo, comprobé que aquel ya conocido poeta, perteneciente al Club 7 de poesía (1951-1962), era un muchacho menudo, con cabello rizado, enormes ojos y cierto aire etéreo. Solo al escucharlo recitar uno de sus poemas, comprendí la potencia de su alma que se transmitía a través de su voz. Sé que David y mi amigo, acompañados por un vaso de cerveza fría para aplacar el calor del puerto, muchas veces discutían sobre Barba Jacob o César Vallejo, de dramaturgia extranjera y de política.


David junto a su co-protagonista de radionovelas

Era el galán perfecto para las radio novelas y obras de teatro, yo me enganché a todas las producciones en las que participó y no me perdía ninguna de las presentaciones de su grupo de teatro o sus recitales. Era mi “Martín Santos”2. Lo vi en la adaptación hecha para la obra de Shakespeare, Otelo y en El Cristo de los leprosos, en El teatro en su hogar en obras como Delirio, Lluvia, el abanico de Lady Windermere y Salome de Oscar Wilde; en las radio novelas, La mujer sin Dios, Crimen sin castigo, Historia de una gran pasión, El amor de los pobres, Eno, Fedora, Aquella mala mujer, entre otras.

Publicidad de prensa de la radionovela Fedora

Seguí sus pasos a través de la prensa, sus viajes artísticos y políticos, conseguí todos sus libros. Cristal (1953), Club 7 de poesía (1954), Gris (1958) y Triángulo (1960). No logré que me los firmara, porque en los pocos encuentros que tuve con él, me temblaron las piernas y no pude articular ninguna palabra. David sonreía y se marchaba, yo pensaba que habría otra oportunidad.

Era un líder nato, carismático y de grandes ideales. Quizás – reflexiono hoy – su pensamiento político y artístico (en ese orden) fue lo que mantuvo unidos a mi amigo Sergio; a David y a Ileana, los tres únicos integrantes del Club 7 que continuaron trabajando juntos. Lo escuché en su programa Aquí… ¡Cuba! y aunque no sé si reventó3 o no como él quería, lo extrañé cuando dejó de transmitirse.

Grupo de teatro del que formaba parte David Ledesma


Última balada de Orfeo

Puede un hombre saltar sobre sí mismo
Pero, infaliblemente, se vuelve al mismo sitio.
La verdad es que siempre uno está solo!

Retrato de David Ledesma

Después de varias circunstancias, no volví a mirar a David, ni a escucharlo, tampoco a saber de sus presentaciones, fue como si un libro breve y bello hubiese llegado a su final. El poeta fugaz, actor y narrador, se fue en Semana Santa. El tiempo siguió y aunque me fui de aquella ciudad, la de los momentos inolvidables con mis amigos poetas y actores de radionovelas y teatro, no los he olvidado. 

A veces y cada vez con menos frecuencia recibo cartas de Sergio quien desde su destierro vive en Costa Rica, con noticias y reflexiones de cómo pasa el tiempo para todos; más de medio siglo desde que nos conocimos, el único que aún tiene 26 años y los tendrá siempre, es David4.

Soy un grito que flota entre la niebla, Verso de Arte poética 
1 Comentario sobre la obra de David en Lírica Hispana (Venezuela), en Preludio para Gris.
2 Pseudónimo de David Ledesma.
3 De su última nota donde pide que el programa siga sonando hasta que reviente.
4 David fue encontrado muerto en Guayaquil, el 30 de marzo de 1961.

Las fotografías y recortes de prensa pertenecen al archivo de David Ledesma Vázquez, conservado por su hija Carmen Ledesma y su esposo Roberto Ortiz Safadi.

13 de noviembre de 2019

¡A un corazón que se agobia denle el canto de la lluvia!

En el blanco cementerio 
fue la cita. Tú te fuiste 
dejándome en el misterio 
como nadie, solo y triste.


Cementerio de San Diego - Quito


A inicios del mes de noviembre, en la fecha que está dedicada a recordar a los muertos, quise por vez primera dejar mi Ofrenda de rosas, ante la tumba del más joven y vehemente de los poetas "decapitados". Mientras recorría el Cementerio de San Diego, imaginaba cuál sería el lugar donde fue acogido por la muerte Arturo Borja.

Era uno de sus sitios preferidos, el de los recitales nocturnos, donde en las frías noches, evocando a los franceses, a inicios del siglo XX, aquí también se escuchó música de violines y se lanzaron al viento modernos versos. Este lugar fue testigo de las citas amorosas entre Arturo y Carmen Rosa.

Ilustración del poema En el blanco cementerio,
que Arturo Borja dedicó a Carmen Rosa.

Después de más de cien años de su partida, el poeta, al igual que otros que decidieron, voluntariamente o no, dormir para siempre, no cuenta con un lugar que sirva de testigo de su paso por este mundo.

Una a una revisé las lápidas, las placas, las cruces, pero el nombre de Arturo Borja simplemente se desvaneció con el tiempo o nunca fue escrito. A diferencia de Guayaquil, donde Medardo Ángel Silva cuenta con un sitio de descanso final, en Quito, los suicidas, mal vistos por la sociedad, no tenían derecho a ser recordados, en algunos casos ni siquiera a ser enterrados en "campo santo".

Cementerio de San Diego - Quito.

Quizás no exista su tumba y ya no pueda dejarle rosas o las hojas manuscritas con versos como lo hicieron sus amigos el 13 de noviembre de 1912. Sin embargo, mientras alguien lea Vas Lacrimae, Primavera mística y lunar, Madre locura, entre otros de La Flauta de Onix y el libro con sus Poemas Inéditos, el líder de los modernistas quiteños, el joven que visitó París, que vivió la bohemia y fue el poeta puro, no entrará en el olvido... 


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*El título de esta nota ¡A un corazón que se agobia denle el canto de la lluvia! pertenece a un verso de Paúl Verlaine. Arturo Borja en cierta ocasión (8 de enero de 1911), vistió de negro recordando los 15 años de muerte del poeta simbolista francés.

27 de octubre de 2019

Realismo Social e Indigenismo

"Y guardo para mí un anhelo profundo:
El de sumarme un día a la legión de los anónimos,
sin nombre, sin imagen, sin historia personal,
sólo un canto de amor y paz que el viento
lleva hacia un mundo de hermanos"

Atahualpa Yupanqui

El indio ecuatoriano (portada), 1922. 

En las primeras décadas del siglo XX, surgieron en México, Perú, Ecuador, Bolivia, países de Centro América, entre otros, movimientos culturales y artísticos que en política, literatura, pintura y otras manifestaciones, ponían en valor al oprimido, a las clases obreras y marginadas; al indio, al cholo, al negro, al montubio. Nacían el Realismo Social y el Indigenismo.

El primer representante en la literatura ecuatoriana de lo que se denominó indigenismo, fue Pío Jaramillo Alvarado, quien con su libro El Indio ecuatoriano: contribución al estudio de la sociología nacional, publicado en 1922, rescata al sector más olvidado y marginado del Ecuador de esa época y pone de manifiesto los valores de esa cultura, mostrando por primera vez a un sector del pueblo del que poco se había querido saber. 

Surge la necesidad de retratar al indígena, su cosmovisión, su realidad, su desgracia; es una "denuncia social" hacia la discriminación. En los siguientes años vemos al indio como objeto de estudio por parte de los científicos, antropólogos, sociólogos y de los artistas, quienes quieren saber cómo vive, qué hace, sus ritos, costumbres, todo, para así, poder escribir sobre él, pintarlo tal y como es y plasmarlo totalmente.

Día laborable (1932), Camilo Egas.

Se considera que la primera novela indigenista del Ecuador que representa estos nuevos valores es Plata y bronce de Fernando Chaves publicada en 1927. Ya antes, Juan León Mera había escrito Cumandá o Un drama entre salvajes (1879), que hace una descripción detallada del país, así como la de sus costumbres y de cierta manera presenta en su trama la explotación al pueblo indígena. Pero es más tarde, en la novela Huasipungo (1934), de Jorge Icaza, en la que se muestra de manera contundente la realidad del indio.

Han pasado 100 años desde que este deslumbramiento se produjo, en la que líderes sociales, políticos  y artistas reivindicaron a los pueblos marginados, sin embargo casi nada ha cambiado. Las novelas y cuentos de los que tenemos varios ejemplos sirvieron de ventana para mostrar una realidad que de cierta manera sigue existiendo. En especial la del pueblo indígena que ha sido relegado al campo, al páramo, a la Amazonia.

Velorio (1922), Camilo Egas.

"Desde un inicio, la sociedad ecuatoriana está fragmentada y polarizada, pero presenta una fachada de unidad nacional, integración, y ciudadanía universal que oculta las agudas diferencias sociales. La adopción de la imagen del indio no es un signo de democratización, sino una muestra de que los elementos exóticos podían ser integrados a la nación, siempre y cuando estuvieran moldeados de forma en que no significaran una negación de lo nacional, sino un aporte no-problemático a la identidad uniforme."

Desde lo político durante el siglo XX tuvimos a los redentores de los derechos del indio, desde lo cultural, los artistas que pintan al oprimido, aquellos que en sus novelas denuncian su situación, hacen visible la realidad, así, todo se mantiene en el discurso. Obras pictóricas conocidas mundialmente, novelas premiadas y traducidas a varios idiomas, versos y música que alaban lo aborigen. Pero el indio es solo el objeto que me sirve en ese momento de plataforma, porque si es él quien levanta la voz y reclama por sus derechos, si es su visión la que habla de la realidad que vive, si es él quien escribe desde su perspectiva, empieza a convertirse en un ser incómodo para la sociedad. Si en su momento, los mismos artistas - no indígenas - se vieron relegados por la sociedad por los temas que trataban en sus obras, qué habría sido si los mismos protagonistas (indios, cholos, montubios, obreros, marginados), se atrevían a ser parte activa con sus propias obras de esa sociedad artística y política.



"El indigenismo era una ideología propia del contexto histórico que se vivía, pero no correspondía a un sentimiento propio de los llamados indios".

De la época del Realismo Social y el Indigenismo que en el Ecuador se manifestó de manera más clara entre los años 1930 a 1945, tenemos las obras de Pablo Palacio, José de la Cuadra, Demetrio Aguilera Malta, Joaquín Gallegos Lara, Enrique Gil Gilbert, Jorge Icaza, Alfredo Pareja Diezcanseco, Fernando Chaves, Adalberto Ortiz, Humberto Salvador, Enrique Terán; Jorge Fernández, G. Humberto Mata, Alfonso Cuesta y Angel Felicísimo Rojas. Estos autores siempre serán el referente en el que podremos conocer la realidad de aquellos años y compararla con la que existe hoy en día.


Fuentes:

29 de septiembre de 2019

Uno de los siete...

Carlos Benavides Vega

Álvaro San Félix

Carlos Benavides Vega (Álvaro San Félix)

Nace en Guayaquil, el 09 de marzo de 1931. A temprana edad, junto a su madre, se traslada a Quito. Estudia en el Colegio Don Bosco de la Tola, obtiene un bachillerato técnico en mecánica industrial. Aunque su título no se relacionaba con el arte, fue en esa institución educativa, donde toma contacto con la mayor pasión de su vida, el teatro. Al leer en 1950, un anuncio en diario El Comercio, se une a la compañía de radio-teatro del maestro Hugo Vernel (José Guerra Castillo). Allí conoce a David Ledesma Vázquez, y más tarde a Ileana Espinel, Sergio Román Armedáriz, Gastón Hidalgo Ortega, Miguel Donoso Pareja y Carlos Abadíe Silva, con los que formaría el Club 7 de poesía

La noche es tan espesa 
que para ver tus ojos necesito un espejo
de río y de floresta.

de Poema de la búsqueda 

El debut de Carlos Benavides Vega como poeta, fue en el recital pre-fundacional del Club 7, el 29 de junio de 1953 en Quito, allí se leyeron los versos de El pescador de estrellas, poema que se perdió entre los papeles y el tiempo. Más tarde, en noviembre del mismo año, se presentó formalmente al grupo literario en las páginas de diario El Universo. 


Compañía de radio-teatro, en la foto David Ledesma,
Hugo Vernel y Carlos Benavides Vega.

¿Por qué nací tan móvil, tan lleno de paisajes, 
tan azul de luceros, 
con este corazón de brújula y de viento, 
con estos pies errantes de mañana y viajero…

de Alegoría del destierro

En 1954, se publica el libro Club 7, poesía donde Benavides muestra siete de sus poemas, quizás los que él consideró dignos de ser publicados. Luego de este breve período poético, se dedicó a viajar por América y Europa, a estudiar e investigar, a la historia y sobre todo, a la locución, el teatro y la dramaturgia. Ganó el Segundo Premio en el Concurso Nacional para Obras de Teatro promovido por la Unión de Periodistas de Quito, el Primer Premio en el Concurso de Teatro organizado por el Centro Municipal de Cultura de Guayaquil, el Premio del Sesquicentenario de la Universidad Central, Mención de honor en el Concurso Nacional de Teatro convocado por la Casa de la Cultura, Premio Nacional "Aurelio Espinosa Pólit", entre otros.

Durante su permanencia en Otavalo, colaboró con el Instituto Otavaleño de Antropología (IOA), escribió varios artículos y pudo poner en marcha el teatro histórico. Su nombre verdadero se diluyó frente al de Álvaro San Félix, el actor y dramaturgo. Murió en Quito, el 29 de septiembre de 1999.

Obras:

1954 Club 7
1962 Las Ranas y el Mar
1962 Teatro Ecuatoriano: cuatro piezas en un acto
1974 En lo alto grande laguna
1976 Un caballo para Helena
1979 La herida de Dios
1979 Espejo alias Chusig
1979 Teatro: Sesquicentenario de Otavalo 1829-1979
1980 Caudillo en llamas
1988 Monografía de Otavalo
1988 Sociedad Artística : decana y pionera en Otavalo : biografía de una joven abuela
1990 El Ojo de la Aguja
1991 Radiodifusión en la mitad del mundo: apuntes históricos
La muerte viene de Dallas (sin publicar)

Fuentes:
Varios autores (2017). Los 7 que fueron cinco, y viceversa. Efecto Alquimia. Quito - Ecuador
http://www.otavalo.org/sanfelix.html