Al señor del verso ecuatorial
Sergio Román Armendáriz (Ecuador, 1934)
(poema tomado de su ‘Caligrafía del exilio’)
Gracias a su respiración de imágenes y palabras,
Hugo Mayo, *
señor del verso ecuatorial del siglo veinte,
yo cultivé semejanzas y diferencias
con usted
con su vocabulario adán
con su particular gramática
con su utopía civil
con sus ochenta espléndidos años que se atropellan
todavía encima de su ‘Motocicleta’ dadá,
revista y carretera que atravesé con los pies
descalzos de muchacho deslumbrado
desde su ‘Zaguán de aluminio’,
áspero texto suyo cuyos originales se extraviaron
misteriosamente en una imprenta oficial y tuvo que recuperarlos, letra a letra,
de memoria, sesenta años después,
hasta aquel día cuando el presentimiento estrujó mi
corazón y dejando inconclusa mi tarea cotidiana
de pronto grité:
‘Necesito escribirle al maestro’
y sin esperar contestación
envié al azar
un mensaje escrito a mano
dentro de un sobre escoltado por vistosas estampillas,
dirigido a su
‘Departamento de Rentas del Palacio Municipal en ese
Guayaquil inexplicable del Ecuador país amazónico ubicado en la América del
Sur’
oficina en donde su musa iconoclasta
y usted
en una especie de herejía y sacramento
flotaban
entre operaciones matemáticas
e informes burocráticos
y trámites administrativos conducentes a fijar
impuestos o exenciones
pero
por una pirueta del destino
de alguna manera mi carta se cruzó con su respuesta
que encerraba
una metafórica despedida del paisaje y una dedicatoria
para mí
entretejidas en su terrible y bellísima “Magia de un
final”,
tesoro que mis duendes extraviaron en alguna
inesperada esquina del tiempo
aunque yo lo he conservado íntegro y celoso en mi
corazón confundido y en mi furiosa memoria,
¡Poeta!,
así aprecié tu gesto al igual que una invitación o una
aprobación tácitas para que yo continúe creando imágenes y palabras
al margen de los premios oficiales y de las ediciones
de lujo y de las antologías arbitrarias y de las academias
asumiendo entonces que me habías aceptado por fin y en
silencio como era tu costumbre
a la manera de un casi inevitable y pobre heredero
literario de tu estirpe
por ser tal vez
tú y yo
tan distantes en el estilo y en el gusto de las
generaciones
y sin embargo
tan próximos en la libertad y en la lealtad al rayo
del pueblo
y al fuego sin tregua de la poesía.
1980
* Mayo, Hugo, seudónimo de Miguel Augusto Egas Miranda
(Manta 1897-Guayaquil 1988). Introductor de la vanguardia en el Ecuador
(1919-1933), ola que nació con su ultraísta ‘Sepelio del papagayo K’ y derrapó
en curva cerrada con su revista dadaísta ‘Motocicleta’ (1927) que creó para
chocar contra el modernismo rubendariano al que consideraba, después del
suicidio de Medardo Ángel Silva (Guayaquil, 1898-1919) agotado en sus opciones
expresivas. A pesar de esto y, sobre todo, en cuanto al estudio de las
posibilidades polisemánticas y antípodas del vocablo, influyó en el ‘Club 7’
(pues siempre fue muy amistoso y muy conversador con sus miembros) en cuyo
primer libro plural, presentó a Gastón Hidalgo Ortega (1929-1973). En:
Benavides, Espinel, Hidalgo, Ledesma y Román. ‘Club 7’. Guayaquil, Casa de la
Cultura, 1954. (Págs.45-46, de 99). Se dice de ‘Motocicleta’, que circularon
sólo cuatro números, hoy extraviados. / Después de 1933, HM trabajó en la
Municipalidad de Guayaquil desde donde, en sus breves ratos libres, mantuvo
correspondencia con algunos literatos del mundo. Publicó ‘El zaguán de
aluminio’ (1982, sesenta años después de un extraño extravío de los originales
en la imprenta, 1922). Por eso, en una nota inicial, subrayó: ‘Lo que más
recuerdo de los 15 poemas que lo integraban, está aquí.’ SR
América, ¿Nuestra o de los otros?
Sergio Román Armendáriz
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Encuentra el artículo también en:
http://es.scribd.com/doc/77185949/America-%C2%BFnuestra-o-de-los-otros
Artículo sobre "Nuestra América" del apóstol libertario José Martí, publicado por Sergio Román Armendáriz, en el Centenario de su obra emblemática (1892 - 1992).
Encuentra el artículo también en:
http://es.scribd.com/doc/77185949/America-%C2%BFnuestra-o-de-los-otros
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¡Defendamos nuestro idioma en común!
Sergio Román Armendáriz
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romantic@racsa.co.cr
San José, CR, 20 de diciembre, 2011
AMISTADES: Con su permiso y presentando las excusas pertinentes
y, asimismo, con mi saludo de año nuevo, paso a compartir con ustedes, en: www.sergioroman.com, la presencia de la
núm. 49 de mis 'Cartas al (aún) idioma español’. Me parece que,
por presiones de este momento, ya no redactaré la quincuagésima
porque es hora de pasar a la acción, apoyando la creación de una Asociación de personas que usen el español
cotidianamente en calidad de lengua materna y, además, asumiendo que el
énfasis de dicha entidad, sea la didáctica del idioma, sobre todo, en el nivel
primario. Así, iremos forjando un concreto contrapeso democrático a la
academia de Madrid. / Volvamos a don Andrés Bello, sobre todo, a su
propuesta de conjugación. Volvamos a las fronteras naturales de nuestra
geografía hispano-indo-castellana. Volvamos al Diccionario de 1992. Volvamos a
preguntarnos cómo se eligen los miembros de las academias locales. Volvamos a
diferenciar, desde la escuela, y a combinar cuando fuere posible pero con plena
conciencia de ello, los tres registros (el formal, el especializado y el
coloquial), y los principios de las tres vías expresivas (la narrativa, la
expositiva y la descriptiva) y los tres soportes retóricos (los de
comparación, exageración y supresión). Lo demás, me parece, fuego fatuo y
mercadotecnia. Imagínense, ¿para qué una gramática de cuatro mil páginas,
si cuarenta son suficientes, siempre que vayan acompañadas por series
progresivas de ejemplos y ejercicios escoltados por una explicación breve y
clara, y por una corrección orientadora. Con estos antecedentes, me permito solicitarles, amigas mías, amigos míos, que nos olvidemos de Madrid (ese 'Madriz',
semiasfixiado por las pretensiones, legítimas o no, de vascos, gallegos y catalanes y por las gracejadas de la Duquesa de Alba y el
yerno del rey). Atte., Sergio Román Armendáriz, www.sergioroman.com
romantic@racsa.co.cr
¡Defendamos nuestro idioma común!
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