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13 de noviembre de 2019

¡A un corazón que se agobia denle el canto de la lluvia!

En el blanco cementerio 
fue la cita. Tú te fuiste 
dejándome en el misterio 
como nadie, solo y triste.


Cementerio de San Diego - Quito


A inicios del mes de noviembre, en la fecha que está dedicada a recordar a los muertos, quise por vez primera dejar mi Ofrenda de rosas, ante la tumba del más joven y vehemente de los poetas "decapitados". Mientras recorría el Cementerio de San Diego, imaginaba cuál sería el lugar donde fue acogido por la muerte Arturo Borja.

Era uno de sus sitios preferidos, el de los recitales nocturnos, donde en las frías noches, evocando a los franceses, a inicios del siglo XX, aquí también se escuchó música de violines y se lanzaron al viento modernos versos. Este lugar fue testigo de las citas amorosas entre Arturo y Carmen Rosa.

Ilustración del poema En el blanco cementerio,
que Arturo Borja dedicó a Carmen Rosa.

Después de más de cien años de su partida, el poeta, al igual que otros que decidieron, voluntariamente o no, dormir para siempre, no cuenta con un lugar que sirva de testigo de su paso por este mundo.

Una a una revisé las lápidas, las placas, las cruces, pero el nombre de Arturo Borja simplemente se desvaneció con el tiempo o nunca fue escrito. A diferencia de Guayaquil, donde Medardo Ángel Silva cuenta con un sitio de descanso final, en Quito, los suicidas, mal vistos por la sociedad, no tenían derecho a ser recordados, en algunos casos ni siquiera a ser enterrados en "campo santo".

Cementerio de San Diego - Quito.

Quizás no exista su tumba y ya no pueda dejarle rosas o las hojas manuscritas con versos como lo hicieron sus amigos el 13 de noviembre de 1912. Sin embargo, mientras alguien lea Vas Lacrimae, Primavera mística y lunar, Madre locura, entre otros de La Flauta de Onix y el libro con sus Poemas Inéditos, el líder de los modernistas quiteños, el joven que visitó París, que vivió la bohemia y fue el poeta puro, no entrará en el olvido... 


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*El título de esta nota ¡A un corazón que se agobia denle el canto de la lluvia! pertenece a un verso de Paúl Verlaine. Arturo Borja en cierta ocasión (8 de enero de 1911), vistió de negro recordando los 15 años de muerte del poeta simbolista francés.

27 de octubre de 2019

Realismo Social e Indigenismo

"Y guardo para mí un anhelo profundo:
El de sumarme un día a la legión de los anónimos,
sin nombre, sin imagen, sin historia personal,
sólo un canto de amor y paz que el viento
lleva hacia un mundo de hermanos"

Atahualpa Yupanqui

El indio ecuatoriano (portada), 1922. 

En las primeras décadas del siglo XX, surgieron en México, Perú, Ecuador, Bolivia, países de Centro América, entre otros, movimientos culturales y artísticos que en política, literatura, pintura y otras manifestaciones, ponían en valor al oprimido, a las clases obreras y marginadas; al indio, al cholo, al negro, al montubio. Nacían el Realismo Social y el Indigenismo.

El primer representante en la literatura ecuatoriana de lo que se denominó indigenismo, fue Pío Jaramillo Alvarado, quien con su libro El Indio ecuatoriano: contribución al estudio de la sociología nacional, publicado en 1922, rescata al sector más olvidado y marginado del Ecuador de esa época y pone de manifiesto los valores de esa cultura, mostrando por primera vez a un sector del pueblo del que poco se había querido saber. 

Surge la necesidad de retratar al indígena, su cosmovisión, su realidad, su desgracia; es una "denuncia social" hacia la discriminación. En los siguientes años vemos al indio como objeto de estudio por parte de los científicos, antropólogos, sociólogos y de los artistas, quienes quieren saber cómo vive, qué hace, sus ritos, costumbres, todo, para así, poder escribir sobre él, pintarlo tal y como es y plasmarlo totalmente.

Día laborable (1932), Camilo Egas.

Se considera que la primera novela indigenista del Ecuador que representa estos nuevos valores es Plata y bronce de Fernando Chaves publicada en 1927. Ya antes, Juan León Mera había escrito Cumandá o Un drama entre salvajes (1879), que hace una descripción detallada del país, así como la de sus costumbres y de cierta manera presenta en su trama la explotación al pueblo indígena. Pero es más tarde, en la novela Huasipungo (1934), de Jorge Icaza, en la que se muestra de manera contundente la realidad del indio.

Han pasado 100 años desde que este deslumbramiento se produjo, en la que líderes sociales, políticos  y artistas reivindicaron a los pueblos marginados, sin embargo casi nada ha cambiado. Las novelas y cuentos de los que tenemos varios ejemplos sirvieron de ventana para mostrar una realidad que de cierta manera sigue existiendo. En especial la del pueblo indígena que ha sido relegado al campo, al páramo, a la Amazonia.

Velorio (1922), Camilo Egas.

"Desde un inicio, la sociedad ecuatoriana está fragmentada y polarizada, pero presenta una fachada de unidad nacional, integración, y ciudadanía universal que oculta las agudas diferencias sociales. La adopción de la imagen del indio no es un signo de democratización, sino una muestra de que los elementos exóticos podían ser integrados a la nación, siempre y cuando estuvieran moldeados de forma en que no significaran una negación de lo nacional, sino un aporte no-problemático a la identidad uniforme."

Desde lo político durante el siglo XX tuvimos a los redentores de los derechos del indio, desde lo cultural, los artistas que pintan al oprimido, aquellos que en sus novelas denuncian su situación, hacen visible la realidad, así, todo se mantiene en el discurso. Obras pictóricas conocidas mundialmente, novelas premiadas y traducidas a varios idiomas, versos y música que alaban lo aborigen. Pero el indio es solo el objeto que me sirve en ese momento de plataforma, porque si es él quien levanta la voz y reclama por sus derechos, si es su visión la que habla de la realidad que vive, si es él quien escribe desde su perspectiva, empieza a convertirse en un ser incómodo para la sociedad. Si en su momento, los mismos artistas - no indígenas - se vieron relegados por la sociedad por los temas que trataban en sus obras, qué habría sido si los mismos protagonistas (indios, cholos, montubios, obreros, marginados), se atrevían a ser parte activa con sus propias obras de esa sociedad artística y política.



"El indigenismo era una ideología propia del contexto histórico que se vivía, pero no correspondía a un sentimiento propio de los llamados indios".

De la época del Realismo Social y el Indigenismo que en el Ecuador se manifestó de manera más clara entre los años 1930 a 1945, tenemos las obras de Pablo Palacio, José de la Cuadra, Demetrio Aguilera Malta, Joaquín Gallegos Lara, Enrique Gil Gilbert, Jorge Icaza, Alfredo Pareja Diezcanseco, Fernando Chaves, Adalberto Ortiz, Humberto Salvador, Enrique Terán; Jorge Fernández, G. Humberto Mata, Alfonso Cuesta y Angel Felicísimo Rojas. Estos autores siempre serán el referente en el que podremos conocer la realidad de aquellos años y compararla con la que existe hoy en día.


Fuentes:

29 de septiembre de 2019

Uno de los siete...

Carlos Benavides Vega

Álvaro San Félix

Carlos Benavides Vega (Álvaro San Félix)

Nace en Guayaquil, el 09 de marzo de 1931. A temprana edad, junto a su madre, se traslada a Quito. Estudia en el Colegio Don Bosco de la Tola, obtiene un bachillerato técnico en mecánica industrial. Aunque su título no se relacionaba con el arte, fue en esa institución educativa, donde toma contacto con la mayor pasión de su vida, el teatro. Al leer en 1950, un anuncio en diario El Comercio, se une a la compañía de radio-teatro del maestro Hugo Vernel (José Guerra Castillo). Allí conoce a David Ledesma Vázquez, y más tarde a Ileana Espinel, Sergio Román Armedáriz, Gastón Hidalgo Ortega, Miguel Donoso Pareja y Carlos Abadíe Silva, con los que formaría el Club 7 de poesía

La noche es tan espesa 
que para ver tus ojos necesito un espejo
de río y de floresta.

de Poema de la búsqueda 

El debut de Carlos Benavides Vega como poeta, fue en el recital pre-fundacional del Club 7, el 29 de junio de 1953 en Quito, allí se leyeron los versos de El pescador de estrellas, poema que se perdió entre los papeles y el tiempo. Más tarde, en noviembre del mismo año, se presentó formalmente al grupo literario en las páginas de diario El Universo. 


Compañía de radio-teatro, en la foto David Ledesma,
Hugo Vernel y Carlos Benavides Vega.

¿Por qué nací tan móvil, tan lleno de paisajes, 
tan azul de luceros, 
con este corazón de brújula y de viento, 
con estos pies errantes de mañana y viajero…

de Alegoría del destierro

En 1954, se publica el libro Club 7, poesía donde Benavides muestra siete de sus poemas, quizás los que él consideró dignos de ser publicados. Luego de este breve período poético, se dedicó a viajar por América y Europa, a estudiar e investigar, a la historia y sobre todo, a la locución, el teatro y la dramaturgia. Ganó el Segundo Premio en el Concurso Nacional para Obras de Teatro promovido por la Unión de Periodistas de Quito, el Primer Premio en el Concurso de Teatro organizado por el Centro Municipal de Cultura de Guayaquil, el Premio del Sesquicentenario de la Universidad Central, Mención de honor en el Concurso Nacional de Teatro convocado por la Casa de la Cultura, Premio Nacional "Aurelio Espinosa Pólit", entre otros.

Durante su permanencia en Otavalo, colaboró con el Instituto Otavaleño de Antropología (IOA), escribió varios artículos y pudo poner en marcha el teatro histórico. Su nombre verdadero se diluyó frente al de Álvaro San Félix, el actor y dramaturgo. Murió en Quito, el 29 de septiembre de 1999.

Obras:

1954 Club 7
1962 Las Ranas y el Mar
1962 Teatro Ecuatoriano: cuatro piezas en un acto
1974 En lo alto grande laguna
1976 Un caballo para Helena
1979 La herida de Dios
1979 Espejo alias Chusig
1979 Teatro: Sesquicentenario de Otavalo 1829-1979
1980 Caudillo en llamas
1988 Monografía de Otavalo
1988 Sociedad Artística : decana y pionera en Otavalo : biografía de una joven abuela
1990 El Ojo de la Aguja
1991 Radiodifusión en la mitad del mundo: apuntes históricos
La muerte viene de Dallas (sin publicar)

Fuentes:
Varios autores (2017). Los 7 que fueron cinco, y viceversa. Efecto Alquimia. Quito - Ecuador
http://www.otavalo.org/sanfelix.html

28 de septiembre de 2019

Con la embriaguez de las estrellas...

Y los poetas muertos no irán a los sarcófagos
de rosas, sino a todas las fauces de los cráteres.
Así América, será una tempestad encendida en la noche
y un resplandor de lianas en el día.

de Los huracanes 




Gonzalo Escudero Moscoso


Nace en Quito, el 28 de septiembre de 1903. Desde muy temprana edad, inicia sus actividades literarias. Ferviente lector de Fray Luis de Góngora, Valery y Mallarmé. A los 11 años, en 1914, publica su poema Viento de Verano, en el periódico El Republicano, luego, gana el Concurso Nacional de Poesía para alumnos de segunda enseñanza, con Los poemas del arte y en 1922, la Flor Natural en el concurso por el centenario de la Batalla de Pichincha con Parábolas Olímpicas.

En sus años como estudiante en el colegio Mejía, junto con Jorge Carrera Andrade, Augusto Arias, Luis Aníbal Sánchez y Gonzalo Pozo, fundan en 1916, la revista El Crepúsculo y más tarde Vida Intelectual.

Tú, sólo Tú, apenas Tú en los desvaneceres
últimos de la llama de este candil de barro.
Río de miel dorada para ahogarme. Tú eres
hecha para morderte de amor como un cigarro…

De Tú.

Una vez concluidos los estudios secundarios, ingresa a la Universidad Central, a la Facultad de Jurisprudencia. Luego de lo cual, ejerce varios cargos públicos para después dedicarse a la carrera diplomática. Fue Primer Secretario y Encargado de Negocios en Francia, Estados Unidos, Panamá y Argentina. Embajador Extraordinario y Plenipotenciario en Perú y Francia, además representante del país ante la UNESCO.

Gonzalo Escudero se dedica a la poesía desde muy joven, según él mismo dice, nunca pudo saber "qué brújula infatigable me había conducido en esta pequeña y grande odisea”. Los temas tratados en sus versos se concentran en lo propio de América y - por su carrera diplomática - en aspectos de varias culturas y viajes.

Gonzalo Escudero

Escribió Poemas del Arte (1919), Las parábolas olímpicas (1922), Hélices de Huracán y de Sol (1933), Paralelogramo (1935), Altanoche (1947); Estatura de aire (1951), Materia del ángel (1953), Autorretrato (1957), Introducción a la Muerte (1960), Justicia para el Ecuador (1968), Variaciones (1972). Réquiem por la luz y Nocturno de Septiembre (1971) publicados póstumamente en 1983.

Fue miembro fundador de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, Grupo América y la Sociedad Jurídico Literaria, además Miembro de Número de la Academia Ecuatoriana de la Lengua. Fallece en Bruselas, el 10 diciembre de 1973.



Fuentes:

22 de septiembre de 2019

La galería de los escritores

La más noble función de un escritor es dar testimonio,
como acta notarial y como fiel cronista, 
del tiempo que le ha tocado vivir.

Camilo José Cela (1916-2002) 


Fray Gaspar de Villarrel
(Quito, 1587 - La Plata, 12 de octubre de 1665)

De mi última visita al Centro Cultural Biblioteca "Aurelio Espinosa Pólit", luego del recorrido junto con el guía, quizás -por ser escritora- lo que más llamó mi atención es el sector al que se ha bautizado como Galería de escritores ecuatorianos. Se trata del pasillo Este de la edificación. Allí, en las paredes se encuentran retratos al óleo de los escritores ecuatorianos de distintas épocas y frente a ellos, coloridas ilustraciones con párrafos de algunas de las escritoras del país.

Nos da la bienvenida a este sector, el retrato de fray Gaspar de Villarroel, uno de los primeros valores literarios, nacido en Quito a finales del siglo XVI. Frente a él, una pequeña esquina decorada con cuatro retratos, tres pertenecen a los poetas modernistas, Ernesto Noboa y Caamaño, Medardo Ángel Silva y Arturo Borja, el cuarto es del padre Miguel Ángel Astudillo, todos realizados por el pintor Nicolás Delgado.

Historia del Reino de Quito (edición de 1841).

Al seguir con el recorrido, nos encontramos con el padre Juan de Velasco S. J., bajo su retrato, se encuentra su obra emblemática, la Historia del Reino de Quito, en la edición publicada en 1841. El manuscrito original de tres tomos (1789), es custodiado por esta biblioteca. En la pared opuesta la ilustración de quien es considerada la primera escritora ecuatoriana, Teresa de Cepeda y Fuentes, nacida en Quito en 1566, sobrina de la santa Teresa de Ávila, fue llevada desde muy joven a España, fue testigo clave del proceso de santificación de su tía.


Paso a paso por el largo pasillo, encontramos a Eugenio Espejo y sus Primicias de la cultura de Quito, José Joaquín de Olmedo y su Canto a Junín; fray Vicente Solano, Dolores Veintimilla de Galindo, Pedro Fermín Cevallos, Dolores Sucre Lavayen, Nela Martínez, entre otros. Zoila Ugarte, la última escritora que forma parte de la galería femenina, nos cuenta en un párrafo, un poco sobre la creación del periódico "Mujer" a inicios del siglo XX.


Al llegar al final del recorrido, nos despide siempre elegante y con una sonrisa, Jorge Carrera Andrade, el poeta, escritor, ensayista, traductor y diplomático que conoció el mundo y plasmó en sus obras un poco de cada cultura. Son en total, 29 retratos al óleo de escritores y 7 ilustraciones de escritoras. Poetas, narradores, cronistas de los siglos XVI, XVII, XVIII, XIX y XX, nos miran desde el pasado y de cierta manera, nos cuentan un poco de la historia literaria del país.

Retrato de Jorge Carrera Andrade, siglo XX.