RSS
Facebook
Twitter

2/9/13

Micro Bio / Atanasio Viteri

(Latacunga, 1912-1965)

Pulso en mis venas la sangre de los astros,
llevo el pecho encendido de arterias,
la cabeza constelada de neuronas,
y el cuerpo como un cometa, canto de células;

De: Intensidad



Su poesía tiene un son interno de épica y una expresión sonora. Grito inútil de puños crispados contra el cielo, más que cartel de congregación de hombres para ir a la batalla.

Su poder realizador de imágenes, su caudal armónico, la limpidez de su voz, hacen de Viteri una de las más significadas posibilidades épicas de esta generación.

Atanasio Viteri, primordialmente, un agudo y fervoroso comentador de libros.

Obras:

Ensayo: El cuento ecuatoriano contemporáneo (Quito, [1932]); Temas: Manuel J. Calle; el Cotopaxi; los Mideros (Quito, 1943); Historia de Quito (Quito, 1953); Contienda del hombre y la belleza (1954); Pierre Loti y Frances Jammes de Chasserriau (1954); Temas: Manuel, Novela: La tierra de cristal obscurecida, epopeya del reino de Quito -Premio Universidad Central del Ecuador- (Quito, 1956); El dios terrestre (1959). Poesía: Marino Azar (1940); Temas (1943); Cinco poemas y canto a Zola (1944); Poesía (1962).

Colaboración en "Elan". Revista del Mar Pacífico,-"El Día", "El Telégrafo".


Plata

Plata que MIRA desde abismos de nardo acribillado,
ASTRO taumatúrgico que todo lo que toca METALIZA;
la melancolía al revés de la historia
-una dulce CABEZA de Santa Juana-
HELADA en fuente de METAL que vive.

Bosques platerescos, tintinea el lago
una grande campana de plata que no se oye.
La pareja en el parque palidece
unos rostros de amor que se desvelan
entre altos candelabros que penden en las ramas.
TEAS DE LLAMAS blancas, incombustibles en el fondo del
                                                                                            agua,
quiebran una larga procesión de esqueletos.
Un herrero distante forja CUCHILLERÍAS
en la cresta de un monte,
en yunque reverberante NIEVA
granallas silenciosas;
mi pecho se prepara para la CUCHILLADA:
HIERE el corazón con HIERRO HELADO,
HIELA el corazón...

En las NIEVES, tesoros de albos aladinos laboriosos,
más blancas las ovejas y el andar de ese LOBO
con escarcha en el lomo como un oso polar.
Hasta las VÍBORAS pálidas, todo lo HIELA
el corazón, la PANTERA y el sendero...

Santa Teresa de Jesús de nardo
tu país es de plata:
torvas concupiscencias se arrodillan,
siete vírgenes cuerdas se levantan.
Todo cordero es pascual, todo suspiro
todo cardo ABRASADOR en amor de azucena.

Trae el VIENTO
¿asunción de CISNE
o descenso de CUERVO?
ARCÁNGEL CON SENOS DE MUJER
elevándose
o demonio en penumbra de MARFIL
disolviéndose.

¡Oh LUNA
mi Santa Teresa de Jesús de nardo!
Que no llegue tu NIEVE al santo cabello de mi madre.
Sea mi pecho de los deseos turbios
un alero de PALOMAS torcaces.

Fuentes:
Índice de la Poesía Ecuatoriana Contemporánea, Benjamín Carrión. 1937.
Antología de Poetas Ecuatorianos, Quito - Ecuador. 1944.

1/9/13

Micro Bio / Jorge I. Guerrero

(1912)



Por eso han vuelto las aves que emigraron
en busca de alguien que contestara sus silbidos.
Han vuelto también las corrientes de viento,
que no encontraron resistencia a la altura de un hombre,
porque los campesinos estaban clavados de espaldas a la tierra.

De: Insurrección de los surcos 


Obra todavía muy corta, pero encarnada de anhelo artístico y fuerza comunicativa. Guerrero quiere entrar en la médula de la injusticia humana, para ofrecerla, en comprimidos de auténtico «elán» poética y de auténtica emoción social.

Su expresión es, por lo general, como la de la mayoría de los poetas de su generación: «sólo apta para intelectuales». 


Retorno del Recuerdo

Aquí estoy, deteniendo el tropel de mis deseos
por sólo no gritarle a tu inocencia.
Por no turbar tus sueños de corderos blancos,
por sólo no dejarte mi cal entre las manos.

Vale más tu suave niebla de ternura niña
que te hizo ver un nardo al filo de una estrella.

Cuando decías que el demonio empujaba mis manos,
yo odiaba a los ángeles que te ataban los brazos;
y amaba tu frescura de jardín amanecido al viento
y amaba tus ojos de uvas taladradas.

¡Oh alegre sonrisa que borraba mi angustia!
¡Oh liviana voz alentadora de recuerdos!

Sigo yo mi camino de pedernal y de tormenta,
seguro de encontrarte crecida por el tiempo.
Me buscaré un Dios conversador y suave
que me abra las ciudades de lino y de barqueros,
para olvidarte entonces sin miedo a los luceros.


Obras:

Sombra incesable, poesía, 1942 -1946, Sonetos y canciones, Número 3 de Madrugada. Cuadernos de poesía, 1946
Colaboración en diarios y revistas. "Elan", Revista del mar Pacífico, "El Comercio", "El Día".

Fuentes:
Índice de la Poesía Ecuatoriana Contemporánea, Benjamín Carrión. 1937.
Antología de Poetas Ecuatorianos, Quito - Ecuador. 1944.

  • Blogroll

  • About